{"id":3399,"date":"2026-01-14T12:45:00","date_gmt":"2026-01-14T12:45:00","guid":{"rendered":"https:\/\/pharmakondigital.com\/a-drogadiccao-e-o-poder-da-imagem-drugaddiction-and-the-power-of-the-image\/"},"modified":"2026-01-15T09:38:21","modified_gmt":"2026-01-15T09:38:21","slug":"la-drogadiccion-y-el-poder-de-la-imagen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pharmakondigital.com\/es\/la-drogadiccion-y-el-poder-de-la-imagen\/","title":{"rendered":"La drogadicci\u00f3n y el poder de la imagen"},"content":{"rendered":"<p><strong>Resumen:\u00a0<\/strong>El autor propone que la funci\u00f3n del yo de unificar el ser se sirve de la posibilidad indicada por la droga de que no es necesario el Otro para la satisfacci\u00f3n. Torna, de este modo, al adicto prisionero de la imagen.<\/p>\n<p><strong>Palabras clave:<\/strong>\u00a0psicoan\u00e1lisis, drogadicci\u00f3n, imagen<\/p>\n<p><strong>Abstract:<\/strong>\u00a0The author proposes that the function of the I to unify the being takes advantage of the possibility indicated by the drug, that the Other is not necessary for satisfaction. Thus, by this way, the addict is prisioner of the image.<\/p>\n<p><strong>Keywords:<\/strong>\u00a0psychoanalysis, drugaddiction, image<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure id=\"attachment_3396\" aria-describedby=\"caption-attachment-3396\" style=\"width: 200px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-3396\" src=\"https:\/\/pharmakondigital.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/durval_mazzai.jpg\" alt=\"\" width=\"200\" height=\"200\" srcset=\"https:\/\/pharmakondigital.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/durval_mazzai.jpg 200w, https:\/\/pharmakondigital.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/durval_mazzai-150x150.jpg 150w\" sizes=\"auto, (max-width: 200px) 100vw, 200px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-3396\" class=\"wp-caption-text\">Durval Mazzei<\/figcaption><\/figure>\n<p>La imagen, la mayor\u00eda de las veces, ocupa un lugar por lo menos controvertido en el discurso anal\u00edtico. En Freud y su marca etnoc\u00e9ntrica pro civilizaci\u00f3n occidental, la imagen exhibe anterioridad a la verbalizaci\u00f3n. Esto es notable ya en\u00a0<em>La interpretaci\u00f3n de los sue\u00f1os<\/em>, donde la representaci\u00f3n imaginaria on\u00edrica es considerada regresi\u00f3n a formas menos evolucionadas de expresi\u00f3n (1). En los art\u00edculos t\u00e9cnicos es clara la elecci\u00f3n de Freud por la rememoraci\u00f3n discursiva, en asociaci\u00f3n libre, como un modo expresivo m\u00e1s favorable para la cura. La acci\u00f3n, en medio del acto anal\u00edtico, es considerada m\u00e1s como resistencia que lo que favorece el descifrado (FREUD, 1973). Lacan da a la imagen la funci\u00f3n de alienaci\u00f3n primordial: la identificaci\u00f3n a un supuesto ser no dividido en la asunci\u00f3n jubilatoria especular es el marco inicial de la ense\u00f1anza lacaniana. Es el n\u00facleo de la fundaci\u00f3n del yo y toda la cascada que va a caracterizarlo como la morada de lo imaginario y la tentativa de ejercer en gran medida la consistencia de la existencia que apunta a desconocer la divisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Tal detalle ocupa una funci\u00f3n fundamental al recibir en an\u00e1lisis la figura del adicto. No obstante las novedades en el pensamiento psicoanal\u00edtico que han surgido en los \u00faltimos a\u00f1os. Tales como tomar en consideraci\u00f3n el efecto ps\u00edquico de las drogas como el resultado de la acci\u00f3n de un producto sobre la carne, concediendo a esta acci\u00f3n la propiedad de desarrollar un discurso. Y tal discurso define la tendencia a reconstituir la figuraci\u00f3n imaginaria del hombre no dividido que nada quiere saber sobre lo que le es extra\u00f1o. La literatura nos ilustra con bellos ejemplos al respecto: de Baudelaire a Huxley, y est\u00e1 plenamente presente en los escritores de la generaci\u00f3n\u00a0<em>beat<\/em>\u00a0(Kerouac, Bukowski, Burroughs, Corso, Ginsberg), as\u00ed como en los ide\u00f3logos del bien que anuncian espec\u00edficamente lo que los alucin\u00f3genos causar\u00edan a la humanidad en caso de que fuesen bien utilizados, como en los dichos de Watts y Leary.<\/p>\n<p>Esta torsi\u00f3n en el pensamiento psicoanal\u00edtico protocolar permite, por lo menos, dos posibilidades de innovaci\u00f3n. La primera es no aprisionar al dependiente y al psicoanalista en la repetici\u00f3n de la ilusi\u00f3n infantil y permitir que se defina que el uso de drogas, m\u00e1s que favorecer el reencuentro con la felicidad perdida, con el imaginativo orgasmo alimenticio \u2013vivencias ampliamente favorables a la consistencia de la unidad \u2013 instaura, en la medida en que se hace intensamente presente en la existencia singular, un caos en la condici\u00f3n er\u00f3gena del sujeto, restringiendo sus posibilidades de placer, restringiendo la multiplicidad de objetos a disposici\u00f3n de la pulsi\u00f3n al momento del encuentro con la droga. Este rasgo es, sin duda, lo que llama la atenci\u00f3n en los verdaderos dependientes. Proporcionando, adem\u00e1s, al sujeto una indicaci\u00f3n de que no es fundamental que el Otro haga parte de las operaciones que dan sentido a la existencia (4). Tal afirmaci\u00f3n no es distinta de desconocer el inconsciente. El discurso que la droga promueve, que con mucha frecuencia incluye frases como: \u00absi tuviese un paquete de marihuana y un quilito de merca, a la orilla de un lago, no preciso de m\u00e1s nada\u00bb, es el mejor ejemplo cl\u00ednico de este fen\u00f3meno.<\/p>\n<p>La segunda tiene como referencia el consultorio anal\u00edtico y es corolario de lo apuntado anteriormente: el momento en el cual el analista recibe el pedido de tratamiento de un sujeto volcado a las drogas. Dos cuestiones se imponen: una de ellas es la restricci\u00f3n de los tres tiempos l\u00f3gicos (LACAN, 1988) a dos. El adicto, usualmente, llega a an\u00e1lisis anticipando el momento de concluir a consecuencia del instante en que vio su condici\u00f3n:\u00a0<em>soy toxic\u00f3mano<\/em>. Esta afirmaci\u00f3n, aunque se apoya tanto en el discurso psiqui\u00e1trico contempor\u00e1neo como en el discurso de los grupos de ayuda mutua como los Narc\u00f3ticos y Alcoh\u00f3licos An\u00f3nimos, es sierva de la tendencia yoica a la unificaci\u00f3n:\u00a0<em>soy toxic\u00f3mano<\/em>\u00a0y nada m\u00e1s, parece querer decir. Y facilita para este sujeto radicalmente desaparecido la desconsideraci\u00f3n de que hay una historia a ser contada, una elaboraci\u00f3n a ser construida. No calcula, por lo tanto, que haya un tiempo para comprender. El tiempo para comprender es el \u00edndice del compromiso del sujeto con lo Simb\u00f3lico, en la apuesta que hace en el Otro. Es perfectamente posible proponer que esta posici\u00f3n del adicto es un efecto de la relaci\u00f3n de la droga con la carne. Este efecto lo desvincula de la cadena significante por donde el deseo apunta la satisfacci\u00f3n y el yo ve como imposible la intenci\u00f3n unificadora. Como dice Santiago (SANTIAGO, 2001), \u00abla pr\u00e1ctica met\u00f3dica de la droga no se confunde con lo que constituye el atributo de toda manifestaci\u00f3n de las neurosis, a saber, el s\u00edntoma\u00bb. De ah\u00ed concluye que la dificultad de este sujeto \u00aben comprometerse con la elaboraci\u00f3n de lo simb\u00f3lico, en el trabajo de los significantes provenientes del Otro, no se debe, simplemente, a las resistencias imaginarias\u00bb (SANTIAGO, 2001), sino que, como se ha indicado anteriormente, la resistencia imaginaria se sirve de la vivencia de que no hay funci\u00f3n de la palabra si la satisfacci\u00f3n deja de buscar las marcas significantes en el semejante. Esto quiere decir que la materia prima del trabajo de descifrado del psicoanalista como los actos fallidos, como los agujeros en el lenguaje, como las vacilaciones en el acto pueden, en realidad, no contener ning\u00fan sentido y no guardar valor de met\u00e1fora. Obliga al analista, entonces, a desprenderse de sus protocolos te\u00f3ricos y cl\u00ednicos.<\/p>\n<p>Si lo dicho anteriormente no implica abandonar la lectura del adicto dentro de las posibilidades descriptivas del discurso anal\u00edtico, implica darse cuenta de que all\u00ed no hay una represi\u00f3n, el aislamiento de una representaci\u00f3n o una inhibici\u00f3n. Hay, s\u00ed, un acontecimiento pulsional que no es favorable a la funci\u00f3n descifradora del habla. Y la tentaci\u00f3n del rumbo f\u00e1cil o de la aplicaci\u00f3n estereotipada del an\u00e1lisis cae por tierra.<\/p>\n<p>El Psicoan\u00e1lisis dirigido de esta manera, desnudado de protocolos te\u00f3ricos y cl\u00ednicos \u2013pues el toxic\u00f3mano propone una novedad al discurso anal\u00edtico\u2013 tiene c\u00f3mo abordar mejor al drogadicto. Notablemente, si no hay, como ense\u00f1a el discurso de Lacan, propiamente un \u201dyo d\u00e9bil\u201d para ser fortalecido, s\u00ed hay un sujeto que a\u00fan ocupa su posici\u00f3n en el nudo borromeo, pero doblemente alienado: la primera alienaci\u00f3n al lenguaje se torna subalterna de la alienaci\u00f3n en la imagen y en la vivencia gozosa del efecto de la droga.<\/p>\n<p>Dirijo, actualmente, algunos an\u00e1lisis de toxic\u00f3manos. Digo, por fuera de la moda cient\u00edfica, pero cubierto de \u00e9tica, que es posible la obtenci\u00f3n de resultados alentadores. Apuntan estos a la abstinencia o a la ambiciosa meta de uso regulado de la droga. Son ocho an\u00e1lisis. De estos analizantes, uno \u2013a pesar de politoxicof\u00edlico\u2013 no se present\u00f3 como adicto en el inicio del an\u00e1lisis y correspond\u00eda n\u00edtidamente al esp\u00edritu drog\u00f3latra. Fue con el transcurrir del an\u00e1lisis que se transform\u00f3 el uso, la dependencia, en pregunta, y el resultado comenz\u00f3 a aparecer. De los otros siete, tres alcanzaron la abstinencia. De estos, dos presentaron las reca\u00eddas m\u00e1s dram\u00e1ticas. El otro analizante permanece abstemio. Los \u00faltimos cuatro est\u00e1n, por ahora, apartados con \u00e9xito de las drogas, a pesar de que \u2013y, notablemente, en funci\u00f3n de las actividades profesionales que desempe\u00f1an\u2013 eventualmente vuelvan al uso, pero sin desarrollar el patr\u00f3n anterior al tratamiento.<\/p>\n<p>Dicho esto, frente a estos datos recogidos \u00abnatural\u00edsticamente\u00bb, no afirmo categ\u00f3ricamente \u00ab\u00a1el Psicoan\u00e1lisis funciona!\u00bb. Pero, con entusiasmo, digo que el Psicoan\u00e1lisis puede, s\u00ed, dar una respuesta terap\u00e9utica y \u00fatil a los dependientes qu\u00edmicos que no se adec\u00faen a la religiosidad y al corporativismo de los grupos de autoayuda, al protocolo disciplinador cognitivo-comportamental o al control farmacol\u00f3gico de sus impulsos. Esto sin considerar que el Psicoan\u00e1lisis puede muy bien aplicarse a un sujeto que, por una raz\u00f3n u otra, se someta a cualquiera de estos otros proyectos terap\u00e9uticos y, asi mismo, desee saber algo del Inconsciente y del sujeto de la enunciaci\u00f3n.<\/p>\n<p>De esta forma, es posible afirmar que el Psicoan\u00e1lisis puede ser reconocido como una estrategia v\u00e1lida para el abordaje de los dependientes qu\u00edmicos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4><strong>Bibliografia:<\/strong><\/h4>\n<ol>\n<li>\n<h6>Freud, S (1973) Interpretaci\u00f3n de los sue\u00f1os. Obras Completas, Tomo I. Biblioteca Nueva, Madrid.<\/h6>\n<\/li>\n<li>\n<h6>Freud, S (1973) La din\u00e1mica de la transferencia. Obras Completas, Tomo II. Biblioteca Nueva, Madrid.<\/h6>\n<\/li>\n<li>\n<h6>Freud, S (1973) Recuerdo, repetici\u00f3n y elaboraci\u00f3n. Obras Completas, Tomo II. Biblioteca Nueva, Madrid.<\/h6>\n<\/li>\n<li>\n<h6>Freud, S (1973) Observaciones sobre el &#8216;amor de transferencia&#8217;. Obras Completas, Tomo II. Biblioteca Nueva, Madrid.<\/h6>\n<\/li>\n<li>\n<h6>Nogueira Filho, DM (1999) Toxicomanias. Escuta, S\u00e3o Paulo.<\/h6>\n<\/li>\n<li>\n<h6>Lacan, J (1998) O tempo l\u00f3gico e a asser\u00e7\u00e3o da certeza antecipada. En Escritos. Jorge Zahar Editor, Rio de Janeiro.<\/h6>\n<\/li>\n<li>\n<h6>Santiago, J (2001) A droga do toxic\u00f4mano. Uma parceria c\u00ednica na era da ci\u00eancia. Jorge Zahar Editor, Rio de Janeiro.<\/h6>\n<\/li>\n<\/ol>\n<h6><\/h6>\n<h6><strong><em>Traducci\u00f3n del portugu\u00e9s: Pablo Sauce<\/em><\/strong><\/h6>\n<h6><strong><em>Revisi\u00f3n: Maximiliano Zenarola<\/em><\/strong><\/h6>\n<h6><\/h6>\n<div>\n<div id=\"ftn1\">\n<h6><a title=\"\" href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><sup>1<\/sup>\u00a0<\/a>Psicoanalista, Psiquiatra, Adherente de la Secci\u00f3n S\u00e3o Paulo de la EBP.<\/h6>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Resumen:\u00a0El autor propone que la funci\u00f3n del yo de unificar el ser se sirve de la posibilidad indicada por la droga de que no es necesario el Otro para la satisfacci\u00f3n. Torna, de este modo, al adicto prisionero de la imagen. 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