{"id":4095,"date":"2026-01-15T12:16:26","date_gmt":"2026-01-15T12:16:26","guid":{"rendered":"https:\/\/pharmakondigital.com\/o-jogo-de-azar-uma-adicao-singular-gambling-a-singular-addiction\/"},"modified":"2026-01-19T11:19:38","modified_gmt":"2026-01-19T11:19:38","slug":"el-juego-de-azar-una-adiccion-singular","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pharmakondigital.com\/es\/el-juego-de-azar-una-adiccion-singular\/","title":{"rendered":"El juego de azar: Una adicci\u00f3n singular"},"content":{"rendered":"<figure id=\"attachment_4092\" aria-describedby=\"caption-attachment-4092\" style=\"width: 200px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-4092\" src=\"https:\/\/pharmakondigital.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/rodolphe_adam.jpg\" alt=\"\" width=\"200\" height=\"200\" srcset=\"https:\/\/pharmakondigital.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/rodolphe_adam.jpg 200w, https:\/\/pharmakondigital.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/rodolphe_adam-150x150.jpg 150w\" sizes=\"auto, (max-width: 200px) 100vw, 200px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-4092\" class=\"wp-caption-text\">Rodolphe Adam<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>Resumen:<\/strong>\u00a0El trabajo presenta la singularidad del juego de azar desde la perspectiva de su causalidad subjetiva. Se presenta un caso a los fines de ilustrar algunas tesis fundamentales sobre el juego de azar. Finalmente, se establece una distinci\u00f3n estructural entre adicci\u00f3n al juego y adicci\u00f3n a las substancias qu\u00edmicas.<br \/>\n<strong>Palabras clave:<\/strong>\u00a0psicoan\u00e1lisis, juego de azar, adicci\u00f3n<\/p>\n<p><strong>Abstract:<\/strong>\u00a0This paper deals with the singular addiction which represents gambling from the point of view of its subjective causality. The author presents a clinical case to illustrate some basic thesis about gambling. Finally, a structural distinction between gambling and addiction to chemical substances is made.<br \/>\n<strong>Keywords:<\/strong>\u00a0psychoanalysis, gambling, addiction<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La adicci\u00f3n a los juegos de azar es un fen\u00f3meno cl\u00ednico singular. Una pregunta simple y radical ser\u00e1 nuestra br\u00fajula: si el jugador no juega fundamentalmente para ganar dinero \u2012puesto que todo lo que gana irremediablemente lo vuelve a apostar<a name=\"__DdeLink__388_2043166536\"><\/a>\u2012\u00a0, \u00bfa qu\u00e9 exactamente es adicto? Responder esta pregunta nos permitir\u00e1 contribuir a una cl\u00ednica diferencial de las adicciones que la noci\u00f3n de adictolog\u00eda impuesta por la salud mental tiende a desdibujar. En efecto, unir bajo el mismo t\u00e9rmino el juego de apuestas, el\u00a0<a name=\"result_box\"><\/a>adolescente preso de los videojuegos, o incluso el heroin\u00f3mano,<strong>\u00a0<\/strong>es un atajo comportamental permanente que el rigor propio del cl\u00ednico no podr\u00eda tolerar. Nuestro objetivo es entonces contribuir a una elucidaci\u00f3n precisa de la especificidad del jugador a partir de una cl\u00ednica basada en su propia palabra. El concepto de\u00a0<em>posici\u00f3n subjetiva<\/em>\u00a0permite as\u00ed demostrar que el jugador apunta a otra cosa que a la\u00a0<a name=\"result_box1\"><\/a>omnipotencia euf\u00f3rica del alcoh\u00f3lico o a la peque\u00f1a muerte del heroin\u00f3mano. Hacer cl\u00ednica del modo en que el sujeto por s\u00ed mismo intenta pasar al decir aquello que lo atraviesa autoriza un saber m\u00e1s rico que la etiolog\u00eda introducida de desde hace alg\u00fan tiempo de manera corriente en el campo del juego patol\u00f3gico, a saber, una disfunci\u00f3n en el sistema de gesti\u00f3n de las gratificaciones.<\/p>\n<p>El juego de azar, pr\u00e1ctica vieja como el mundo*, es, en efecto, rico para mostrar que una adicci\u00f3n puede ser sostenida, no por el efecto inducido por una substancia, sino por el goce propio de un sujeto hablante \u2012donde est\u00e1 comprometida su relaci\u00f3n con el dinero como objeto libidinal\u2012 y con el azar \u2012donde se cristaliza su relaci\u00f3n con el sentido\u2012. El estudio neurobiol\u00f3gico no carece por lo tanto de argumentos. Ciertas investigaciones (Breiter, 2001) han puesto al d\u00eda, mediante t\u00e9cnicas de resonancia magn\u00e9tica, las respuestas neurol\u00f3gicas que acompa\u00f1an la anticipaci\u00f3n y la experiencia de la ganancia y la p\u00e9rdida monetarias. Ahora bien, las \u00e1reas activadas son las mismas que las implicadas en el consumo de coca\u00edna. Por lo tanto, el estudio argumenta a favor de una localizaci\u00f3n cerebral involucrada en la conducta adictiva. Sin embargo, esta conclusi\u00f3n no tiene nada de evidente, dado el problema que origina: \u00bfpor qu\u00e9, all\u00ed donde el cocain\u00f3mano no puede m\u00e1s que gozar de la administraci\u00f3n\u00a0<em>asegurada\u00a0<\/em>de coca\u00edna, el jugador debe pasar por la\u00a0<em>incertidumbre<\/em>\u00a0sobre su goce para maximizarlo?<\/p>\n<h3><strong>\u00bfUna cl\u00ednica inanalizable?<\/strong><\/h3>\n<p>La problem\u00e1tica intr\u00ednseca a la posici\u00f3n subjetiva del jugador no puede ahorrarnos la siguiente constante; en diez a\u00f1os, de cincuenta sujetos que vinieron a consultarme en un centro para el tratamiento de las adicciones por problemas de dependencia a los juegos de azar, solamente uno volvi\u00f3 para hablar pasada la tercera entrevista. Este no compromiso con la prueba de la palabra y de la transferencia contrasta con las frecuentes demandas del sujeto alcoh\u00f3lico y el toxic\u00f3mano. El rechazo de la alienaci\u00f3n a la palabra autoriza una hip\u00f3tesis: la adicci\u00f3n al juego presenta una dimensi\u00f3n inanalizable para el jugador mismo. La escasez en la literatura especializada de monograf\u00edas aptas para ense\u00f1arnos sobre esta cl\u00ednica puede hallar aqu\u00ed una de sus razones**. Otras tres razones esclarecen esta falta de deseo de desciframiento.<\/p>\n<p><em>En primer lugar<\/em>, el jugador patol\u00f3gico no pone en peligro su cuerpo, como es fatalmente de rigor en el adicto a las sustancias. La afectaci\u00f3n som\u00e1tica no alcanza para disparar, como es habitual, la funci\u00f3n del despertar del sujeto al silencio de su pulsi\u00f3n de muerte. La urgencia que lo aprisiona no pasa por el cuerpo, sino por la ley del hecho del endeudamiento, y por la pareja que le plantea la queja y el ultim\u00e1tum luego de descubrir esta pr\u00e1ctica clandestina*** en el seno del matrimonio. Estos elementos efect\u00faan un contrapeso en la balanza de las p\u00e9rdidas posibles para el jugador.<\/p>\n<p><em>En segundo lugar,<\/em>\u00a0casi todos estos jugadores han podido testimoniar, desde sus primeras apuestas, el encuentro con la buena fortuna del ganar. El valor de este acontecimiento inaugural se presenta a menudo como una\u00a0<em>eutuch\u00e9<\/em>, un azar bueno y desconcertante que ha logrado hacer consistir la irrupci\u00f3n de un primer goce que el sujeto intenta repetir indefinidamente. Esta l\u00f3gica de la repetici\u00f3n de un goce perdido e iniciado por una contingencia afortunada no es sin activar la creencia en el estatuo de excepci\u00f3n del sujeto. Al respecto, Roger Caillois hac\u00eda del jugador \u00abel hombre de la providencia\u00bb (Caillois, 1967). El azar tiene para el sujeto del inconciente, en efecto, el privilegio parad\u00f3jico de permitirle leer all\u00ed su condici\u00f3n de ser el elegido del Otro.<\/p>\n<p><em>En tercer lugar<\/em>, el jugador siempre se sostiene de la posibilidad de anular todas las p\u00e9rdidas anteriores en la siguiente apuesta. Es este el caso \u00fanico de una adicci\u00f3n que, parad\u00f3jicamente, podr\u00eda resolverse mediante su consecuci\u00f3n. \u00abMe repongo y paro\u00bb es la f\u00f3rmula inalterable. Interrogando la esencia del juego, Lacan evoca a una peque\u00f1a ni\u00f1a que juega a acercarse a su padre para saludarlo, simbolizando en tres palabras su aceleraci\u00f3n progresiva hacia \u00e9l: \u00ab\u00a1va a pasar, va a pasar, va a pasar!\u00bb (Lacan, 1965). La an\u00e9cdota que convoca al padre y su goce destaca la intimidad del jugador con la modalidad de lo posible, convertida fatalmente en necesaria. Esta conversi\u00f3n supuesta opera en cada jugador bajo la temporalidad especifica del \u00abpr\u00f3ximamente\u00bb. Esta repetici\u00f3n prueba que el deseo no se extingue con la ganancia. Otra cosa alimenta esta disyunci\u00f3n que Lacan destac\u00f3 desde el comienzo de su ense\u00f1anza, vinculada a un puro efecto simb\u00f3lico: \u00abEs con el simbolismo de este dado que gira que surge el deseo. No digo deseo\u00a0<em>humano<\/em>, pues, a fin de cuentas, el hombre que juega con el dado es cautivo del deseo as\u00ed puesto en juego. \u00c9l no conoce el origen de su deseo, girando con el s\u00edmbolo escrito sobre las seis caras\u00bb (Lacan, 1955). Lo que \u00e9l, especialmente, no quiere saber.<\/p>\n<h3><strong>La suspensi\u00f3n de la vida y el cayado<\/strong><strong>****<\/strong><strong>\u00a0del destino<\/strong><\/h3>\n<p>El caso inusual de alguien que concurri\u00f3 semanalmente durante un a\u00f1o nos dej\u00f3 cierta ense\u00f1anza al exponer las coordenadas de su s\u00edntoma durante un tiempo suficiente\u00a0<a name=\"result_box2\"><\/a>como para experimentar un poco de alivio en cuanto a la ferocidad de su pasi\u00f3n. Africano de origen, treinta a\u00f1os de edad, casado y padre de dos ni\u00f1os, con un empleo estable en el cual administra rigurosamente el dinero, el Sr. B se ve obligado por su esposa a pedir ayuda ya que juega desde hace mucho tiempo a la loter\u00eda. Est\u00e1 endeudado y espera, ansiosamente, un plan de pagos de su banco. No quiere que su esposa lo ayude, ni vender un peque\u00f1o apartamento comprado para el futuro estudio de los ni\u00f1os. Luego de desprenderse un poco del s\u00edntoma que lo trae a la consulta, confiesa que \u00e9l \u00abda incesantemente a los que sufren\u00bb, sinti\u00e9ndose obligado a ayudar a las personas de su comunidad, y a su familia en su pa\u00eds. \u00abEs m\u00e1s fuerte que yo ayudar a la gente, a mi familia, dar a mis hijos todo lo que quieren, todo lo que yo no ten\u00eda. Pero no les puedo decir que eso no es posible. No puedo darles algo que no tengo\u00bb. Esta \u00faltima f\u00f3rmula, que retoma felizmente por la negativa aquella que Lacan coloc\u00f3 en el principio del amor, muestra ya las dificultades del sujeto en el \u00e1mbito de la castraci\u00f3n. Obsesionado con su l\u00f3gica oblativa, a menudo repite la frase que escande su vida: \u00abEstoy en busca de una soluci\u00f3n. El juego es lo \u00fanico que he encontrado para salvarme de todos mis problemas. Es la facilidad\u00bb. Cuando llega el fin de semana \u2012en el que \u00abtiene que ser bueno con los ni\u00f1os\u00bb\u2012, en secreto juega al loto y recupera inmediatamente el afecto de un alivio alegre en la espera del sorteo del domingo por la noche. Tiempo durante el cual piensa: \u00abMa\u00f1ana por la noche quiz\u00e1s tengas todo resuelto, ser\u00e1s salvado\u00bb. Se define como \u00abdrogado con la esperanza a corto plazo\u00bb. Lo que no cesa de escribirse, seg\u00fan la ecuaci\u00f3n de lo necesario planteada por Lacan \u2012que es lo que se encuentra interrumpido en el tiempo de un fin de semana\u2012, tiene para \u00e9l dos aspectos que va a desplegar: el padre y la muerte.<\/p>\n<p>Vino a Francia hace doce a\u00f1os para proseguir sus estudios, en contra del consejo de su padre, un hombre rico, tir\u00e1nico y erudito, muy poco presente en su infancia. Esta elecci\u00f3n no fue f\u00e1cil porque, afirma, \u00abhay un dicho entre nosotros que dice que uno debe respeto y obediencia a su padre, sin importar lo que \u00e9ste haga\u00bb. La localizaci\u00f3n freudiana de la culpabilidad propia del neur\u00f3tico, en relaci\u00f3n con el padre, encuentra aqu\u00ed una apoyo firme. El Sr. B lleg\u00f3 a Francia con una compa\u00f1era no aceptada \u2012de nuevo\u2012 por el padre. \u00c9l se destaca como estudioso, deportista brillante y con una autonom\u00eda financiera resuelta. Pero, abruptamente, su compa\u00f1era enferma de un tumor cerebral. \u00abSu muerte me cambi\u00f3. Pens\u00e9: \u00bfpor qu\u00e9 preocuparse? \u00bfPor qu\u00e9 luchar si uno no puede estar all\u00ed para aquellos que ama?\u00bb. El juego, entonces, se impone en un primer momento como una \u00absoluci\u00f3n f\u00e1cil\u00bb que viene a paliar el colapso de su \u00abtemperamento aguerrido\u00bb. La merma de su soporte f\u00e1lico contin\u00faa en la actualidad en su rechazo de responsabilidades profesionales.<a name=\"result_box10\"><\/a>\u00a0\u00bfC\u00f3mo satisfacer el deseo paterno del \u00e9xito de la carrera sin ausentarse de su familia, repitiendo la falta del padre, de la cual ha sufrido? Hacer o no hacer como el padre es la cuesti\u00f3n de este hombre.<\/p>\n<p>Luego del abrupto fallecimiento de su compa\u00f1era \u2012que har\u00e1 menguar su deseo\u2012, conoce poco despu\u00e9s a su mujer actual, una mujer con una situaci\u00f3n brillante. Se casa a pesar \u2012nuevamente\u2012 de la amenaza paterna de ser repudiado. El padre llegar\u00e1 incluso a prohibir al Sr. B visitar su tumba el d\u00eda de su muerte. \u00abPero yo no ten\u00eda capital, y en mi cultura es el hombre quien debe sostener a su familia. Como hizo mi padre. \u00bfQu\u00e9 podr\u00edan pensar ella y la gente? \u00bfQue la despos\u00e9 por su dinero? As\u00ed pues, viendo a mis amigos ganar en la loter\u00eda, me dije: \u00bfpor qu\u00e9 no a m\u00ed? Pero eso era la facilidad\u00bb. A pesar de lo que obtendr\u00e1 a continuaci\u00f3n \u2012un trabajo, un salario, una casa, hijos\u2012, la pr\u00e1ctica del juego no se detendr\u00e1 m\u00e1s.<\/p>\n<p>El Sr. B no juega hasta perderlo todo como Dostoievsky, en quien Freud se\u00f1alaba la sustituci\u00f3n de la culpabilidad por el peso de una deuda y la condici\u00f3n de su creatividad. El Sr. B se sacrifica para taponar la falta en el Otro. Su oblatividad \u2012que comenzar\u00e1 a asociar a aquello respecto de lo cual \u00e9l mismo ha faltado\u2012 le evita el riesgo de su deseo, deseo neutralizado en el juego. Si el juego \u00abencapucha el riesgo\u00bb (Lacan, 1965, clase del 19 de mayo), el sujeto puede vincular con ello su destino \u00aba la idea de que all\u00ed se revela algo propio\u00bb (Lacan, 1955, p. 345). El Sr. B tiene, en efecto, una convicci\u00f3n: \u00abSiempre tuve suerte\u00bb. Ha podido incluso confirmarlo hace algunos a\u00f1os: cuando su mujer descubre la amplitud de sus deudas, \u00e9l le jura que parar\u00e1 de jugar. Apuesta sus \u00faltimos billetes y gana trescientos mil euros, que conf\u00eda prudentemente a su esposa.<\/p>\n<p>Gracias a este comienzo de historizaci\u00f3n in\u00e9dita, se siente menos aplastado por el supery\u00f3 de aqu\u00e9l que no deja caer a los otros y menos angustiado ante la idea de que \u00e9l se acerca un poco a sus ni\u00f1os. De un talante m\u00e1s ligero, interrumpe brutalmente nuestros encuentros luego de algunos meses a causa de este beneficio terap\u00e9utico. Alg\u00fan tiempo m\u00e1s tarde quiere que nos volvamos a ver puesto que ha vuelto a jugar, acumulando nuevamente los pr\u00e9stamos. Har\u00e1 falta intervenir en las sesiones para detener las ideas suicidas. El desencadenamiento de su reca\u00edda en el juego tiene para \u00e9l una causa: la muerte reciente de su suegra. Conmocionado por el sufrimiento de su mujer, dice \u00abhaberse sentido completamente impotente\u00bb \u2012sin poder nombrar en qu\u00e9\u2012, y se ha imaginado que \u00abganar en el juego solucionar\u00eda los problemas\u00bb. Querer ganar dinero en lugar de realizar un duelo muestra bien la singularidad del desplazamiento del objeto perdido donde se perfila una identificaci\u00f3n. El Sr. B nos conf\u00eda, en efecto, haber hecho una mala maniobra en el lugar del accidente automovil\u00edstico de su hermano mayor, a punto de encontrarse con \u00e9l en la muerte. \u00abSe dir\u00eda que espero hasta el \u00faltimo momento, grave, para sortearlo. Siempre hice as\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p>La idea de ser afortunado le viene a sus diecis\u00e9is a\u00f1os, cuando, por primera vez, decide algo por s\u00ed mismo: realiza los tr\u00e1mites para obtener la nacionalidad francesa, de la cual su padre no se ocup\u00f3 \u2012siendo que el Sr. B naci\u00f3 en Francia durante los estudios de aqu\u00e9l\u2012, quien regres\u00f3 poco despu\u00e9s a su pa\u00eds. Ve un signo enviado por el destino en haber sido el \u00fanico de sus amigos que consigui\u00f3 la ciudadan\u00eda. Este signo es confirmado por su interpretaci\u00f3n de una serie de \u00e9xitos futuros \u2012becas, ex\u00e1menes, concursos\u2012, donde la importancia de sus esfuerzos es denegada y atribuida a la cuenta del Otro de la suerte, o, como dice \u00e9l \u2012puesto que es creyente\u2012, de Dios mismo. La consistencia de este Otro se revela y subsume todos los m\u00e9ritos del sujeto. Mortificando su posici\u00f3n f\u00e1lica, el Sr. B no debe nada a s\u00ed mismo, sino todo a \u00abDios, es decir, la buena suerte\u00bb (Lacan, 1971, p. 15). Esta convicci\u00f3n es chocante, y nosotros nos sorprendemos frente a \u00e9l por el hecho de la marca recurrente y tr\u00e1gica de la muerte en su vida: su primer compa\u00f1era \u2012cuya fecha de nacimiento a\u00fan juega a la loter\u00eda\u2012, una t\u00eda, su hermano muerto en un accidente automovil\u00edstico dos a\u00f1os atr\u00e1s. Ahora bien, a pesar de su tristeza, esta serie confirma una cosa: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 suerte que tengo! No tengo nada, estoy bien de salud, no tengo derecho a quejarme\u00bb. Ma\u00f1ana y tarde agradece a Dios por todo lo que le ha dado y por cada d\u00eda que pasa. Este Dios del don le permite sostener al padre.<\/p>\n<p>Esta presencia repetida de la muerte en su existencia muestra el otro resorte del jugador en su relaci\u00f3n con la vida. Una tesis de Lacan lo indica: \u00ab\u00bfQu\u00e9 eres, figura del dado que hago girar en tu encuentro con mi fortuna? Nada, sino esa presencia de la muerte que hace de la vida humana ese emplazamiento conseguido ma\u00f1ana a ma\u00f1ana en nombre de las significaciones de las que tu signo es el cayado\u00bb (Lacan, 1966, p. 39). El juego hace as\u00ed signo de una actualizaci\u00f3n de la muerte, haciendo de la vida una suspensi\u00f3n cotidiana, y del cara o ceca un derecho a vivir. La significaci\u00f3n de esta suspensi\u00f3n viene de un recuerdo in\u00e9dito que surgi\u00f3 en el curso del trabajo. A los dieciocho a\u00f1os su padre se reh\u00fasa a que \u00e9l tenga su carnet de conductor, permitido sin embargo a su hermano, muerto m\u00e1s tarde en un accidente automovil\u00edstico. \u00abMi padre me dijo que unos adivinos hab\u00edan predicho que yo morir\u00eda en un accidente de autos. Sin embargo, yo obtuve mi carnet sin dificultad. No ten\u00eda miedo. Cuando mi hermano se mat\u00f3 con el auto, yo me pregunt\u00e9 por qu\u00e9. \u00bfHab\u00eda tomado mi lugar?\u00bb. Se atemoriza hoy en d\u00eda ante los riesgos corridos, alcoholizado al volante en su juventud. \u00abPodr\u00eda haber matado a alguien\u00bb. El Sr. B no alcanzar\u00e1 a percatarse del deseo de muerte de su padre, pero osar cuestionar el ideal de este padre imaginario le permitir\u00e1 separarse m\u00e1s f\u00e1cilmente de \u00e9l. Asimismo, se atenuar\u00e1 su inhibici\u00f3n de decidir cuando haya advertido en qu\u00e9 medida este significante estaba ligado a este padre que \u00abdecidi\u00f3 siempre por m\u00ed\u00bb. Encuentra entonces una soluci\u00f3n a su endeudamiento al vender su departamento y se postula a un cargo m\u00e1s calificado. Esta puesta en juego de la castraci\u00f3n, que borra las deudas, se acompa\u00f1ar\u00e1 de un cierto aflojamiento del deber oblativo, y de alejarlo de esta vida aplazada, suspendida del azar del juego que agujereaba el anhelo de muerte del padre y su aspecto prof\u00e9tico. El Sr. B interrumpe aqu\u00ed su trabajo con la palabra, sin precisar que ese deseo de muerte es tambi\u00e9n el suyo. Pero, a partir de aqu\u00ed, apuesta menos por la \u00abfacilidad\u00bb de la suerte que por un nuevo deseo.<\/p>\n<h3><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong><\/h3>\n<p>Este caso es rico en diversas ense\u00f1anzas. Demuestra, en primer lugar, que la adicci\u00f3n al juego es un fen\u00f3meno cl\u00ednico que se origina en una causalidad subjetiva. La contingencia tiene su lugar en esta dependencia que empuja a un sujeto a gozar del azar. Lacan se\u00f1al\u00f3 la ra\u00edz dial\u00e9ctica de este fen\u00f3meno: \u00abSi hay algo que soporta toda actividad de juego, es ese algo que se produce en el encuentro del sujeto dividido con ese algo por lo cual el jugador se hace \u00e9l mismo el deshecho de algo que se ha jugado en otra parte, en otra parte a puro riesgo, en esa otra parte de la cual ha ca\u00eddo del deseo de sus padres, y es all\u00ed, precisamente, el punto desde el cual se desv\u00eda yendo a buscar al opuesto\u00bb (Lacan, 1965, clase del 19 de mayo). S\u00f3lo el riesgo de otra apuesta, la de la palabra, permitir\u00e1 que el dinero, como objeto\u00a0<em>a<\/em>, objeto perdido, represente al sujeto mismo. El mayor inter\u00e9s del caso apunta a aquello que revela la existencia de un Otro del jugador, testimoniando as\u00ed una singularidad propia de la cuesti\u00f3n de la adicci\u00f3n a los juegos de azar. En efecto, mientras que las adicciones a substancias develan un goce que cortocircuita la alienaci\u00f3n al Otro simb\u00f3lico, encarnado en el casamiento perfecto del bebedor con su botella \u2012seg\u00fan Freud\u2012, la adicci\u00f3n a los juegos de azar convoca una figura del Otro cuyo pseud\u00f3nimo es la suerte. El alcoh\u00f3lico y el toxic\u00f3mano son adictos a un goce del Uno, solitario y fuera del lenguaje, y, por tal raz\u00f3n, uno puede llamarlos ateos. A la inversa, el jugador es un creyente, un religioso para quien lo aleatorio hace hablar al destino.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6><strong>NOTAS<\/strong><br \/>\n* Ian Hacking nos ense\u00f1a en\u00a0<em>L&#8217;\u00e9mergence de la probabilit\u00e9\u00a0<\/em>que el goce en la impredictibilidad del lanzamiento del\u00a0<em>talus\u00a0<\/em>o\u00a0<em>astr\u00e1galo<\/em>\u00a0ya exist\u00eda en el antiguo Egipto, as\u00ed como entre los sumerios.<br \/>\n** Por lo tanto, no es un azar el que Freud mismo tomara para su art\u00edculo\u00a0<em>prin<\/em><em>ceps<\/em>\u00a0sobre Dostoievsky y el juego un caso extra\u00eddo de la literatura.<br \/>\n***\u00a0 La prevalencia de g\u00e9nero de los jugadores es fuertemente masculina.<br \/>\n****\u00a0 La\u00a0<em>houlette<\/em>, el cayado, es el bast\u00f3n que utiliza el pastor. Metaf\u00f3ricamente, indica la posici\u00f3n de poder que alguien tiene sobre otros, su capacidad de recci\u00f3n<\/h6>\n<h6><\/h6>\n<h6><strong>REFERENCIAS BIBLIOGR\u00c1FICAS<\/strong><br \/>\nBREITER, H.; AHARON, I.; KAHNEMAN, D.; Dale, A.; SHIZGAL, P. 2001. \u00abFunctional Imaging of Neural Responses to Expectancy and Experience of Monetary Gains and Losses\u00bb, en\u00a0<em>Neuron<\/em>, Vol. 30, Issue 2, 2001, pp. 619-639.<br \/>\nCAILLOIS, R. \u00abLes jeux et les hommes<em>\u00bb<\/em>, Paris, Gallimard, 1967.<br \/>\nFREUD, S. \u00abDosto\u00efevski et le parricide\u00bb, en\u00a0<em>R\u00e9sultats, id\u00e9es, probl\u00e8mes<\/em>, Paris, PUF, 1928,<br \/>\nHACKING, I. \u00abL\u2019\u00e9mergence de la probabilit\u00e9\u00bb, Paris, Seuil, 2002.<br \/>\nLACAN J. \u00abLe S\u00e9minaire II, Le Moi dans la th\u00e9orie de Freud et dans la technique de la psychanalyse\u00bb, Paris, Seuil, 1955.<br \/>\nLACAN, J. \u00abLe S\u00e9minaire XII, Probl\u00e8mes cruciaux de la psychanalyse<a name=\"__DdeLink__2189_1928300177\"><\/a>\u00bb, in\u00e9dit, 1965.<br \/>\nLACAN, J. \u00abJe parle aux murs\u00bb, Paris, Seuil, 1971.<br \/>\nPAGES, G. \u00abHasard et duplicit\u00e9\u00bb, en\u00a0<em>Psychotropes<\/em>, 3-4, Vol. 13, 2007, pp. 77-96.<\/h6>\n<h6><\/h6>\n<h6><strong>Traducci\u00f3n del franc\u00e9s: Dar\u00edo Galante &amp; Maximiliano Zenarola<\/strong><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Resumen:\u00a0El trabajo presenta la singularidad del juego de azar desde la perspectiva de su causalidad subjetiva. Se presenta un caso a los fines de ilustrar algunas tesis fundamentales sobre el juego de azar. Finalmente, se establece una distinci\u00f3n estructural entre adicci\u00f3n al juego y adicci\u00f3n a las substancias qu\u00edmicas. 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