{"id":4121,"date":"2026-01-15T12:55:32","date_gmt":"2026-01-15T12:55:32","guid":{"rendered":"https:\/\/pharmakondigital.com\/?p=4121"},"modified":"2026-01-19T11:19:16","modified_gmt":"2026-01-19T11:19:16","slug":"droga-ruptura-falica-y-psicosis-ordinaria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pharmakondigital.com\/es\/droga-ruptura-falica-y-psicosis-ordinaria\/","title":{"rendered":"Droga, ruptura f\u00e1lica y psicosis ordinaria"},"content":{"rendered":"<figure id=\"attachment_4119\" aria-describedby=\"caption-attachment-4119\" style=\"width: 200px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-4119\" src=\"https:\/\/pharmakondigital.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/jesus_santiago.jpg\" alt=\"\" width=\"200\" height=\"200\" srcset=\"https:\/\/pharmakondigital.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/jesus_santiago.jpg 200w, https:\/\/pharmakondigital.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/jesus_santiago-150x150.jpg 150w\" sizes=\"auto, (max-width: 200px) 100vw, 200px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-4119\" class=\"wp-caption-text\">J\u00e9sus Santiago<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>Resumen<\/strong>: El texto propone tomar la psicosis ordinaria como una categor\u00eda epist\u00e9mica que concierne a la manera actual de reconocer la presencia de la ruptura f\u00e1lica en la pr\u00e1ctica toxic\u00f3mana de la droga.<br \/>\n<strong>Palavras chave<\/strong>: ruptura f\u00e1lica, psicosis ordinaria, toxicoman\u00eda.<br \/>\n<strong>Abstract<\/strong>: The text proposes to take ordinary psychosis as an epistemic category which concerns the manner we recognize, nowadays, the presence of the phallic break in drug addicts\u2019 practice.<br \/>\n<strong>Keywords<\/strong>: phallic break, ordinary psychosis, drug addiction<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La toxicoman\u00eda, en la actualidad, se disemina, prolifera y se transforma en adicci\u00f3n. Al asumir el ropaje de la drogadicci\u00f3n, por consecuencia, se torna emblem\u00e1tica en lo que viene a ser el s\u00edntoma en nuestra \u00e9poca. El fen\u00f3meno toxic\u00f3mano t\u00edpico del siglo pasado, en el que se destacaba la dependencia de cierta sustancia, se masifica cada vez m\u00e1s, a medida que los objetos se multiplican. Si antes la dependencia se defin\u00eda por la acci\u00f3n de una determinada sustancia, en las llamadas\u00a0<em>nuevas adicciones<\/em>\u00a0tal sustancia no se hace necesariamente presente. Objetos de consumo, amor, pornograf\u00eda, videojuegos, comida r\u00e1pida y otros son susceptibles de dar lugar a conductas adictivas diversas. Los significantes \u00abadicto\u00bb, \u00abdrogadicci\u00f3n\u00bb y \u00abfisura\u00bb<strong>\u00a0<\/strong>se imponen en el discurso corriente, indicando que no se trata m\u00e1s de la dependencia de una droga ilegal, sino de la fuerza de banalizaci\u00f3n de las adicciones. Se acredita as\u00ed que todo objeto se puede tornar adictivo, en tanto solicita a la pulsi\u00f3n, que tiene el poder de inducir la repetici\u00f3n de un acto que va a modificar la relaci\u00f3n del sujeto con los placeres del cuerpo.<\/p>\n<h3>Empuje a las adicciones<\/h3>\n<p>Esa espiral adictiva propia del mundo contempor\u00e1neo debe ser considerada una tendencia derivada de la promoci\u00f3n del goce por el mercado, que opera a expensas de ideales, de figuras paternas y de toda forma de autoridad del amo moderno. Desde los a\u00f1os 1970 Lacan enuncia que lo contempor\u00e1neo se caracteriza por el \u00ab<em>ascenso<\/em>\u00a0<em>al zenith social del objeto peque\u00f1o (a), inherente a la l\u00f3gica capitalista, que genera una producci\u00f3n extensiva, por lo tanto insaciable, del plus de gozar<\/em>\u00bb (LACAN, 2012, p. 540). El fen\u00f3meno de la drogadicci\u00f3n se revela as\u00ed como consecuencia de una transformaci\u00f3n fundamental de las sociedades actuales. O mejor: si el discurso del amo empuja al sujeto a reprimir el goce, renunciar a \u00e9l o a inhibirlo \u2013tesis de Freud en\u00a0<em>El malestar en la cultura<\/em>\u2013, la actualidad del discurso capitalista est\u00e1 asociada a \u00e9l, la pr\u00e1ctica anal\u00edtica, al procurar responder al malestar vigente, llevan a lo que Miller nomin\u00f3 \u00ab<em>una liberaci\u00f3n de goce<\/em>\u00bb (MILLER, 2005, p. 42). La ciencia, de la mano del capitalismo, siempre portadora de objetos reci\u00e9n creados y renovados, contribuye de manera decisiva a esa configuraci\u00f3n actual de las nuevas adicciones.<\/p>\n<p>Lacan califica de productos de la industria de plus de gozar \u00aben toc\u00bb, o sea, objetos sin valor, descartables, a pesar de que sean \u00abhechos para causar el deseo, pues es la ciencia que los gobierna\u00bb (LACAN, 1992, p. 122). Se constata entonces que el mercado genera, a cada instante, objetos que, luego de ser adquiridos, ya deben ser sustituidos por otros m\u00e1s eficaces y atractivos. Por eso, se puede caracterizar ese modo de goce que se desprende de la relaci\u00f3n de la ciencia con el capitalismo como \u00abprecaria, visto que \u00e9l se sit\u00faa a partir del plus de gozar\u00bb (LACAN, 2012, p. 545), que apenas se enuncia en torno de gadgets descartables. Diferentemente de un goce vulnerable a la incidencia de las leyes de la palabra, el plus de gozar particular de las adicciones es, antes que todo, efecto de la producci\u00f3n discursiva del capitalismo, efecto de una falta a gozar [manque-\u00e0-jouir] que forzosamente exige ser suprimida.<\/p>\n<p>En \u00faltima instancia, lo que caracteriza la comprensi\u00f3n del capitalismo como discurso es la <em>Verwerfung \u2013<\/em>rechazo de la castraci\u00f3n ante todos los campos de lo simb\u00f3lico\u2013. Para Lacan, de eso se desprende que toda orden discursiva emparentada con el capitalismo tienda a operar en las ant\u00edpodas de esa dimensi\u00f3n precaria del goce: las cosas del amor y del deseo.<strong>\u00a0<\/strong>(LACAN, 2012, p. 547)<strong>\u00a0<\/strong>Es evidente que la falta de goce permeable a la palabra incide sobre \u00ab<em>las cosas del amor<\/em>\u00bb y, m\u00e1s a\u00fan, que esa falta no se inscribe como p\u00e9rdida que moviliza el deseo,<strong>\u00a0<\/strong>entendido<strong>\u00a0<\/strong>en la fantas\u00eda. Exactamente en el punto de exigencia en suplir esa falta de goce, propio del cuerpo y permeable a la palabra, es donde interviene el objeto droga, lo que no acontece sin suscitar angustia. La toxicoman\u00eda es, por lo tanto, un s\u00edntoma de esa\u00a0<em>Verwerfung<\/em>\u00a0generalizada de la castraci\u00f3n, contrapartida inherente al discurso capitalista que, sobre la forma de un imperativo \u2013\u00a1goza!\u2013, favorece un cortocircuito mediante el cual en la econom\u00eda libidinal emerge como referente de ese goce permeable a la palabra el amor y el deseo.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista de la precariedad propia de ciertos modos de goce, ese empuje a las adicciones, fruto de la contemporaneidad del discurso capitalista, acarrea consecuencias que van m\u00e1s all\u00e1 del alarde que hace el sentido com\u00fan en torno de los supuestos hedonistas y de la felicidad. Al contrario, la actualizaci\u00f3n de ese plus de gozar particular que culmina en exceso de adicciones no cesa de producir efectos que, a su vez, refuerzan una tendencia civilizadora a la pulsi\u00f3n de muerte.<\/p>\n<p>En los rastros de esa tendencia se puede resaltar el car\u00e1cter emblem\u00e1tico de la toxicoman\u00eda por el hecho de que se trata de un nuevo s\u00edntoma, que se teje en el horizonte autista y mort\u00edfero del goce. Es preciso reconocer que ese nuevo s\u00edntoma s\u00f3lo puede ser tratado, cl\u00ednicamente hablando, a la luz de la relectura de la ense\u00f1anza de Lacan efectuada por Miller, mediante una concepci\u00f3n innovadora del partenaire-s\u00edntoma (MILLER, 2008, p. 329).<\/p>\n<p>Ese abordaje cl\u00ednico se caracteriza como un suplemento esencial, necesario a la pr\u00e1ctica anal\u00edtica, y responde a la insuficiencia de lo que se instituye, desde los a\u00f1os 1950, como funci\u00f3n del Otro y, consecuentemente, de la presencia o ausencia del significante del Nombre-del-Padre en las estructuras cl\u00ednicas freudianas cl\u00e1sicas. Se sabe que tanto la histeria y la neurosis obsesiva como la psicosis son concebidas por la relaci\u00f3n del sujeto con el Otro, tomado como lugar del significante y por el papel que en \u00e9l desempe\u00f1a el significante del Nombre-del-Padre. Con la teor\u00eda del \u00ab<em>partenaire<\/em>-s\u00edntoma\u00bb el Otro deja de ser s\u00f3lo lugar del significante y pasa a representarse por el cuerpo, defini\u00e9ndose as\u00ed como medio de goce (LACAN, 1992, p. 123).<\/p>\n<h3>Desorden en el sentimiento \u00edntimo de vida<\/h3>\n<p>En lo que concierne a tomar al saber como medio de goce, se debe considerar \u2013observa Miller\u2013 que no hay goce del cuerpo sino por el significante y que, al mismo tiempo, hay goce del significante, porque la significancia est\u00e1 enraizada en el goce del cuerpo (MILLER, 2008, p. 398). Sin duda alguna, para poder tener acceso al funcionamiento de esos nuevos s\u00edntomas \u2013toxicoman\u00eda, bulimia, anorexia y otros\u2013 se impone admitir una conexi\u00f3n estrecha entre el goce del cuerpo y el goce del significante. En otras palabras, es por la presencia decisiva del goce del cuerpo que se originan nuevos s\u00edntomas, sabiendo que no hay, para el parl\u00eatre o ser hablante, un goce anterior al significante. Importa resaltar que, desde la \u00f3ptica del psicoan\u00e1lisis, el tratamiento del cuerpo en que se manifiesta la relaci\u00f3n desregulada con la droga, se hace con un cuerpo que habla por medio del s\u00edntoma.<\/p>\n<p>Ese destaque conferido al cuerpo no implica, sin embargo, que se trate el cuerpo que goza del toxic\u00f3mano directamente por el cuerpo. En efecto, se considera la desregulaci\u00f3n en la relaci\u00f3n con la droga, depositaria del partenaire-Otro, aunque la funci\u00f3n significante, en este \u00faltimo, est\u00e9 preferentemente al servicio del goce. Por esa raz\u00f3n, en las nuevas formas del s\u00edntoma, el hecho de que el significante sea medio de goce, el cuerpo del que se trata ser\u00e1 siempre el cuerpo hablante. Eso conlleva a la complejizaci\u00f3n y la conversi\u00f3n de perspectiva de lo que se constituye como el fundamento de la elaboraci\u00f3n psicoanal\u00edtica de las estructuras cl\u00ednicas de las neurosis y de las psicosis, cuya culminaci\u00f3n<strong>\u00a0<\/strong>es la emergencia, como se ver\u00e1 mas adelante, de las llamadas psicosis ordinarias. Vale decir que la inscripci\u00f3n del Otro en los nuevos s\u00edntomas no sigue el l\u00edmite, la separaci\u00f3n tajante entre la represi\u00f3n, propia del campo de las neurosis, y la forclusi\u00f3n, espec\u00edfica del campo de las psicosis. El enfoque que privilegia la presencia de la simbolizaci\u00f3n del Nombre-del-Padre en uno de los campos y su ausencia en el otro no es suficiente para dar cuenta del fen\u00f3meno de la toxicoman\u00eda. La hip\u00f3tesis cl\u00ednica que se propone es que tal simbolizaci\u00f3n puede ocurrir, a pesar de que sus efectos sean incapaces de actuar sobre el \u00ab<em>desorden provocado en la juntura m\u00e1s \u00edntima del sentimiento de vida de un sujeto<\/em>\u00bb (LACAN, 2009, p. 519). \u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 capaz de actuar sobre ese desorden en el sentimiento de vida de un sujeto? En el caso del toxic\u00f3mano, ciertamente, la droga se revela como soluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Se evoca esa falta en el sentimiento de vida, porque ella se evidencia en lo que se design\u00f3, anteriormente, horizonte mort\u00edfero y aut\u00edstico del s\u00edntoma toxic\u00f3mano, cuyo modo de goce muestra la exclusi\u00f3n del Otro. En el fondo, esa exclusi\u00f3n es apenas aparente, pues si el toxic\u00f3mano goza s\u00f3lo del <em>partenaire<\/em>-droga, eso no quiere decir que renuncie al acceso al Otro, a\u00fan bajo la forma de un atajo o de un rechazo. El uso met\u00f3dico de la droga singulariza, de alguna manera, lo que ya se dijo a prop\u00f3sito del cuerpo hablante, en tanto es posible mostrar que el cuerpo del toxic\u00f3mano se instituye para \u00e9l como un Otro. Se trata de un nuevo s\u00edntoma, en la medida en que la toxicoman\u00eda se constituye ejemplo de un goce que esencialmente se produce en el cuerpo de Uno, sin que el cuerpo\u00a0 del Otro est\u00e9 ausente. En cierto sentido, en el contexto cl\u00ednico, el goce es siempre autoer\u00f3tico, siempre aut\u00edstico, pero al mismo tiempo es\u00a0<em>h\u00e9tero<\/em>\u00a0ya que tambi\u00e9n incluye al Otro bajo la forma del\u00a0<em>partenaire<\/em>-cuerpo.<\/p>\n<h3>Una asociaci\u00f3n c\u00ednica con el goce<\/h3>\n<p>\u00bfC\u00f3mo incautar esa inclusi\u00f3n at\u00edpica del Otro en la toxicoman\u00eda, concebida como expresi\u00f3n paradigm\u00e1tica del autismo del goce y sus des\u00f3rdenes en el sentimiento de vida? Una primera aproximaci\u00f3n cl\u00ednica del problema acontece en lo que Miller denomina \u00ab<em>goce c\u00ednico<\/em>\u00bb (MILLER, 1989, p. 136), goce que se extrae de la postura \u00e9tica del amo c\u00ednico al recusar los semblantes ofertados por el Otro. Y, por lo tanto, es el amo c\u00ednico antiguo que hace posible entrever tal demostraci\u00f3n. Si el c\u00ednico no carga una imagen racional del mundo, una concepci\u00f3n providencialista de la naturaleza, eso se explica porque, a pesar de rechazar toda y cualquier forma de trascendencia del Otro, \u00e9l es amo en ironizarlas. No considera que haya un misterio del mundo a ser alcanzado, ni que una divinidad haya creado el universo para el hombre. Si el amo c\u00ednico act\u00faa as\u00ed, \u00e9l no lo hace porque est\u00e1 marcado por la falta de coraje o por el acceso de escepticismo que lo lleva a renunciar a la felicidad. Al contrario, contra todo y contra todos, \u00e9l reconoce a la felicidad en un mundo en que los reveses infligidos por la Fortuna son moneda corriente, en que el hombre es, no s\u00f3lo v\u00edctima de las pasiones inherentes a su condici\u00f3n, sino tambi\u00e9n sometido a las agresiones de un ambiente que lo aprisiona en los llamados valores de la civilizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Es solamente por medio de un acceso, de una domesticaci\u00f3n capaz de promover la apat\u00eda, la serenidad total que el c\u00ednico cree enfrentar la adversidad, sin experimentar el menor trastorno. La inspiraci\u00f3n esencial que orienta esa tentativa de acortar el acceso a la apat\u00eda implica, por lo tanto, la renuncia a las fuentes de goce de la civilizaci\u00f3n, cuyo principio es la autonom\u00eda \u2212es decir, el hecho de poder ser suficiente por s\u00ed mismo\u2212, condici\u00f3n <em>sine qua non<\/em>\u00a0de la felicidad, tal cual buscaba, en la antig\u00fcedad, ese modo particular de representaci\u00f3n de la figura del amo.<\/p>\n<p>Con el objetivo de precisar la tesis del corto-circuito infligido a los semblantes ofertados por el Otro, conviene retomar el valor que Di\u00f3genes de La\u00e9rcio confiere al acto masturbatorio p\u00fablico y con que ambiciona evitar los males provenientes de la convivencia<strong>\u00a0<\/strong>con un\u00a0<em>partenaire<\/em>\u00a0sexual. De cierta forma, se puede decir que el gesto desafiante del c\u00ednico interviene en el punto exacto en que posibilita el encuentro con el Otro sexo.<\/p>\n<p>Es necesario, sin embargo, evitar la idea de que el goce masturbatorio est\u00e1 bajo la relaci\u00f3n con el Otro. El c\u00ednico, vale la pena mencionar, vive como si el Otro no existiera. De hecho, el goce f\u00e1lico es suficiente en s\u00ed mismo. As\u00ed, el ideal c\u00ednico de felicidad confirma el axioma lacaniano de que no hay felicidad, excepto con el falo. El cinismo es una manera de oponerse a los medios de goce ofrecidos por el aparato de la civilizaci\u00f3n, el \u00e9nfasis dado al goce f\u00e1lico, concebido como el \u00fanico que puede liberar a la felicidad.<\/p>\n<p>Admitiendo que el falo es un camino a la felicidad, es el propio anatema lanzado por el c\u00ednico al lazo social lo que explica, en compensaci\u00f3n, el entredicho con que las leyes de la ciudad alcanzan su forma de disfrute directo e inmediato.<\/p>\n<p>El atajo c\u00ednico de la masturbaci\u00f3n testimonia los obst\u00e1culos que el sexo masculino encuentra para gozar del cuerpo de la mujer. La masturbaci\u00f3n c\u00ednica se instaura por el hecho de que el hombre goza exactamente del goce del propio \u00f3rgano. Por el goce f\u00e1lico, Di\u00f3genes intenta responder al desacuerdo fundamental existente, para el hombre, entre su cuerpo y el goce. Su esperanza es ser capaz de alcanzar el <em>Uno<\/em>\u00a0de la relaci\u00f3n sexual por la v\u00eda f\u00e1lica. Recuerde, por cierto, la m\u00e1xima de Di\u00f3genes \u2013\u00abBusco un hombre\u00bb, pronunciada por \u00e9l llevando una linterna en la mano\u2013 que marca su ligaz\u00f3n con el goce f\u00e1lico, ya que, al aferrarse a \u00e9l, le impide la superaci\u00f3n del obst\u00e1culo que el Otro sexo encarna.<\/p>\n<p>En resumen, el c\u00ednico se aferra a la masturbaci\u00f3n ya que no puede disfrutar del cuerpo de la mujer, pues su goce sexual est\u00e1 marcado por el ideal de constituir el Uno de la relaci\u00f3n sexual.<\/p>\n<h3>Droga y ruptura f\u00e1lica<\/h3>\n<p>En el mundo actual \u00bfhay diferentes formas de manifestaci\u00f3n de ese atajo c\u00ednico para el enfrentamiento del malestar del deseo? Si los hay, lo m\u00e1s probable es que ya no tengan el valor \u00e9tico que gu\u00eda la vida hacia la virtud y la autarqu\u00eda, sin oque representan el reflejo de las expresiones sintom\u00e1ticas de una existencia que quiere ser<strong>\u00a0<\/strong>desarmada<strong>\u00a0<\/strong>del Otro. Las toxicoman\u00edas revelan, por lo tanto, un s\u00edntoma que se expresa por la compulsiva obtenci\u00f3n de un goce mon\u00f3tono, repetitivo, sin demora, que regresa a una satisfacci\u00f3n casi siempre obtenida, de modo directo, en el circuito cerrado entre el consumidor y el producto.<\/p>\n<p>Ese car\u00e1cter artificial de la producci\u00f3n de una satisfacci\u00f3n de estilo mon\u00f3tono, obtenida en un circuito cerrado del cuerpo y de la droga, y sobre todo los semblantes rechazados del Otro, remite a la concepci\u00f3n de las toxicoman\u00edas como un tipo cl\u00ednico que se traduce por la ruptura de la funci\u00f3n f\u00e1lica. Por lo tanto, es necesario establecer una distinci\u00f3n esencial entre el apego del c\u00ednico a la masturbaci\u00f3n y el toxic\u00f3mano a la satisfacci\u00f3n t\u00f3xica. Si coinciden en el modo de inclusi\u00f3n del Otro, si convergen en el rechazo de los semblantes de la civilizaci\u00f3n, si ambos difieren con respecto al goce f\u00e1lico.<br \/>\nEl c\u00ednico se conforma con el goce autoer\u00f3tico, masturbatorio y con el valor f\u00e1lico que se deduce de esa estrategia en obtener alguna sinton\u00eda entre el goce y el cuerpo. En esa b\u00fasqueda compulsiva de una satisfacci\u00f3n artificial y fabricada, el toxic\u00f3mano da se\u00f1ales de que hay fallas en el dispositivo f\u00e1lico que favorece el posible funcionamiento de un goce necesario para el ser hablante. Desde este punto de vista, \u00e9l no es el c\u00ednico, ya que reacciona de modo distinto al matrimonio que el ser hablante es llevado a hacer con el falo. El toxic\u00f3mano es justamente aquel que no consiente con el matrimonio con el goce f\u00e1lico y, por lo tanto, no concibe una salida viable, porque su fijaci\u00f3n reside en lo real que envuelve el \u00f3rgano peniano. Para el c\u00ednico, al contrario, no importa si el goce f\u00e1lico no le conviene a la relaci\u00f3n sexual, pues, a\u00fan as\u00ed, se muestra apegado a \u00e9l. El toxic\u00f3mano, a su vez, es un contestador del falo y del goce que se desprende de \u00e9l, o a\u00fan, del goce de la necesidad.<strong>\u00a0<\/strong>Llama la atenci\u00f3n el modo como este se interpone a ese goce necesario que, siguiendo a Lacan, a pesar de ser un \u00ab<em>goce que no conviene \u2013non decet\u2013 a la relaci\u00f3n sexual, no hay otro, si hubiese otro.\u00bb<\/em>\u00a0(LACAN, 2008, p. 55).<\/p>\n<p>El alcance cl\u00ednico de la visi\u00f3n lacaniana de las toxicoman\u00edas implica considerar a la droga como un objeto que busca suplir las fallas de la funci\u00f3n f\u00e1lica, teniendo en cuenta su papel de viabilizar un goce que mantenga alguna afinidad con la palabra.<\/p>\n<p>De otro modo, la presencia insistente y compulsiva de la droga denota el <em>impasse<\/em>\u00a0del sujeto en relaci\u00f3n al goce que conviene, el goce pulsional que, sobre el efecto de la incidencia de la castraci\u00f3n, encuentra sus objetos, que se constituyen en\u00a0<em>Ersatz<\/em>, pues velan y al mismo tiempo desvelan la castraci\u00f3n. Lo esencial de la definici\u00f3n de la droga, promovida por Lacan en 1975, es la tesis de que su pr\u00e1ctica met\u00f3dica expresa las dificultades que el toxic\u00f3mano encuentra en ser fiel al matrimonio que todo ser hablante contrae un d\u00eda con el\u00a0<em>partenaire<\/em>-falo. Tal definici\u00f3n de la droga se enuncia literalmente as\u00ed:<\/p>\n<p>\u00ab[\u2026] es porque habl\u00e9 del matrimonio que hablo de eso, todo lo que permite escapar a ese matrimonio es evidentemente bienvenido, de ah\u00ed el suceso de la droga, por ejemplo, no hay ninguna otra definici\u00f3n de la droga sino esta: es lo que permite romper el matrimonio con el hace-pip\u00ed [<em>Wiwimacher<\/em>], o sea, con su pene<em>\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>En el fondo, lo que se desprende como espec\u00edfico del acto toxic\u00f3mano es la ruptura fundamental con el goce vigente de esa asociaci\u00f3n, necesaria para todo sujeto, pues es ella la que fomenta el plus-de-gozar que conviene. Se observa as\u00ed que esa definici\u00f3n se estructura teniendo como base la consideraci\u00f3n de que el matrimonio del ser hablante con el falo o del goce que de \u00e9l resulta es rechazado en nombre de su fuerte ligaz\u00f3n con el goce de sentido que incide sobre el \u00f3rgano peniano.<\/p>\n<p>En la cl\u00ednica, para examinar tal definici\u00f3n, se impone avalar la droga como un factor de separaci\u00f3n del matrimonio del pene y no del falo. En otras palabras, el toxic\u00f3mano es un sujeto que permanece casado con el goce de sentido que gira en torno al \u00f3rgano, en raz\u00f3n de no haber contra\u00eddo un lazo posible con el falo. Es preciso, pues, no confundir el falo con el \u00f3rgano peniano, y, a\u00fan m\u00e1s, con cualquier representaci\u00f3n imaginaria o idea de que es, naturalmente, un privilegio masculino. Como funci\u00f3n, el falo es un operador, un significante de goce, destinado a designar, parcialmente, los efectos del goce sobre el cuerpo. Se trata de un significante asem\u00e1ntico, que no significa nada, y apenas como encarnaci\u00f3n de la nada puede operar favorablemente en el momento de la iniciaci\u00f3n sexual, oportunidad en que el sujeto se encuentra con el misterio del Otro sexo.<\/p>\n<p>En comentario de <em>El despertar de la primavera<\/em>, Lacan propone que la iniciaci\u00f3n sexual es m\u00e1s favorable a la vida, cuando, levantado el velo, se revela esa nada inherente al falo (LACAN, 2012, p. 588). Se concibe esa nada en contrapartida a lo que irrumpe en la adolescencia como \u00edndice de la viabilidad del goce f\u00e1lico, que se articula con el saber, con la palabra. Si el toxic\u00f3mano est\u00e1 marcado por la ruptura f\u00e1lica que se representa en su dificultad de lidiar con el goce del cuerpo, esto se deriva del hecho de que, en funci\u00f3n de su apego al goce del sentido en torno al hace-pip\u00ed [<em>Wiwimacher<\/em>], esa nada no tiene lugar. La ruptura f\u00e1lica equivale, de este modo, al exceso de sentido que se produce en el momento del encuentro con el Otro sexo, un exceso perturbador de la iniciaci\u00f3n sexual que obstaculiza, cuando el goce sexual deber\u00eda presentarse como enigm\u00e1tico y sin sentido.<\/p>\n<h3>Aplicaci\u00f3n epist\u00e9mica de la psicosis ordinaria a la toxicoman\u00eda<\/h3>\n<p>Cabe se\u00f1alar, adem\u00e1s, que la cl\u00ednica de la ruptura f\u00e1lica presente en los fen\u00f3menos actuales del uso toxic\u00f3mano de la droga no se deduce directamente de la forclusi\u00f3n del Nombre-del-Padre, porque, de ser as\u00ed, se podr\u00eda estar frente a los fen\u00f3menos t\u00edpicos de las psicosis como el delirio o la alucinaci\u00f3n. Se puede decir que la ruptura f\u00e1lica se origina en la propia l\u00f3gica del funcionamiento del goce y que, por razones concernientes al impacto contingente del significante en el cuerpo, es velado al sujeto el goce que conviene a la inexistencia de la relaci\u00f3n sexual. La tesis de la ruptura f\u00e1lica como factor dominante en las toxicoman\u00edas ejemplifica una inversi\u00f3n en el orden de los factores caracter\u00edstico de la actualidad cl\u00ednica: o sea, no se piensa m\u00e1s en la <strong>falta<\/strong>\u00a0de significaci\u00f3n f\u00e1lica solo como consecuencia de la\u00a0<strong>falta<\/strong>\u00a0del Nombre-del-Padre<strong>.<\/strong><\/p>\n<p>Al contrario, el Nombre-del-Padre se torna un predicado del modo en que el s\u00edntoma y la funci\u00f3n f\u00e1lica organizan y ordenan el goce para el sujeto. Siguiendo a Miller, deja de ser el nombre propio de un elemento particular llamado Nombre-del-Padre. Es lo que se presenta mediante la pregunta: \u00bfel sujeto tiene Nombre-del-Padre o est\u00e1 forcluido? Hoy, el Nombre-del-Padre, no es m\u00e1s un nombre, pero el hecho de ser nombrado, de atribuirle una funci\u00f3n o, como afirma Lacan, de ser \u201cnombrado para\u201d. (MILLER, 2010, p. 22)<\/p>\n<p>En resumen, el Nombre-del-Padre no es m\u00e1s un nombre propio y se torna, siguiendo la definici\u00f3n de la l\u00f3gica simb\u00f3lica, un predicado relativo a la ausencia de la significaci\u00f3n f\u00e1lica:<\/p>\n<p><strong>NP (X) \u2013\u2013&gt; X=ruptura f\u00e1lica<\/strong><\/p>\n<p>En mi opini\u00f3n, esta formulaci\u00f3n aproxima al\u00a0<em>nuevo s\u00edntoma<\/em>, caracter\u00edstico de las toxicoman\u00edas, al campo de las llamadas psicosis ordinarias, en el sentido de que la satisfacci\u00f3n obtenida con la droga, as\u00ed como por medio de otras modalidades de un hacer con el cuerpo \u2013caso, por ejemplo, de los tatuajes\u2013 puede funcionar como un \u00ab<em>sustituto sustituido<\/em>\u00bb. (MILLER, 2008, p. 412)<\/p>\n<p>Si el Nombre-del-Padre es un sustituto del deseo de la madre, porque impone su orden al goce de \u00e9sta, la droga puede revelar un \u00ab<em>sustituto sustituido\u00bb.<\/em>\u00a0En otras palabras, la droga puede ser un Nombre-del-Padre en la relaci\u00f3n que el sujeto tiene con su cuerpo. Decir que estas t\u00e9cnicas del cuerpo \u2013entre otras las drogas y los tatuajes\u2013 pueden ser \u00absustitutos\u00bb del Nombre-del-Padre es una manera de traducir lo que viene a ser ese significante tomado como predicado. Lo que muestra ser un m\u00e9todo del cortocircuito en la sexualidad inherente a la satisfacci\u00f3n t\u00f3xica y mucho m\u00e1s, en los t\u00e9rminos de Miller, un \u00abhacer creer compensatorio\u00bb (MILLER, 2008, p. 411) [<em>compensatory make-believe<\/em>] del Nombre-del-Padre, en el sentido que se torna posible alguna soluci\u00f3n para los des\u00f3rdenes de goce en la vida de un toxic\u00f3mano. Desde esta cl\u00ednica del \u00abhacer creer compensatorio\u00bb se aprecia la continuidad entre los territorios de la neurosis y la psicosis; se hace hincapi\u00e9 en lo que hace que sean contiguas, dos formas de responder a un mismo real, ya que, desde este punto de vista, no se trata de establecer l\u00edmites, sino de constatar anudamientos, recortes, desconexiones, desanudamientos entre hilos que est\u00e1n en continuidad.<br \/>\nEn este sentido, cuando hago referencia a las psicosis ordinarias, no pretendo reducir la querella diagn\u00f3stica que hist\u00f3ricamente cay\u00f3 sobre las toxicoman\u00edas. Como se sabe, tal enfoque cl\u00ednico ya estuvo sobre los auspicios de estados melanc\u00f3licos y man\u00edacos o de una psicosis renombrada sobre la imprecisi\u00f3n del t\u00e9rmino \u00abpsicopat\u00eda\u00bb o de una perversi\u00f3n transformada en la \u00e9poca \u2013una perversi\u00f3n moderna\u2013 o de una neurosis obsesiva actualizada por la relectura de la presencia en ella del masoquismo, y principalmente de los estados narcis\u00edsticos y lim\u00edtrofes, o\u00a0<em>borderlines.<\/em>\u00a0Ya se intent\u00f3, inclusive, hacer de las toxicoman\u00edas una modalidad propia del discurso.<\/p>\n<p>En fin, no se trata de considerarla una categor\u00eda cl\u00ednica objetivable, que elimina el lado enigm\u00e1tico y oscuro que pesa sobre ese tipo de s\u00edntoma. Se trata de tomar a la psicosis ordinaria, como sugiere Miller, como una categor\u00eda m\u00e1s epist\u00e9mica que diagn\u00f3stica y, por lo tanto, concierne a la manera actual de reconocer la presencia de la ruptura f\u00e1lica en la pr\u00e1ctica toxicoman\u00edaca de la droga. Ella interesa al quehacer cl\u00ednico cotidiano y alimenta la posibilidad de aprender del sujeto toxic\u00f3mano en tratamiento. Se puede decir que la psicosis ordinaria es el \u00fanico modo de verificar el hecho fundamental de la t\u00e9cnica del cuerpo con la droga, que se aprende a fijar<strong>\u00a0<\/strong>en la medida<strong>\u00a0<\/strong>del s\u00edntoma toxic\u00f3mano; de poner a prueba del real las soluciones compensatorias que, en suma, se desprenden de la ruptura f\u00e1lica, de confrontar el real que no cesa de no escribirse en cada caso, que, en el fondo, se confunde con la propia estructura de la pr\u00e1ctica anal\u00edtica, estructura que se pone a la luz en el fen\u00f3meno de la transferencia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Traducci\u00f3n del portugu\u00e9s: Estefan\u00eda Elizalde<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6>Referencias Bibliogr\u00e1ficas:<br \/>\nLACAN, J. \u201cDe una cuesti\u00f3n preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis\u201d, en Escritos 2, M\u00e9xico, Siglo XXI, 2009, pp. 509-558.<br \/>\nLACAN, J. \u201cEl seminario. Libro 17. El reverso del psicoan\u00e1lisis\u201d, Buenos Aires, Paid\u00f3s, 1992.<br \/>\nLACAN, J. \u201cEl seminario. Libro 20. Aun\u201d, Buenos Aires, Paid\u00f3s, 2008.<br \/>\nLACAN, J. \u201cHablo a las paredes\u201d, Buenos Aires, Paid\u00f3s, 2012.<br \/>\nLACAN, J. \u201cOtros escritos\u201d, Buenos Aires, Paid\u00f3s, 2012.<br \/>\nLACAN, J. \u201cRadiofon\u00eda\u201d, en Otros escritos, Buenos Aires, Paid\u00f3s, 2012, pp. 425-472.<br \/>\nMILLER, J.-A. \u201cEfecto retorno sobre la psicosis ordinaria\u201d, en El caldero de la escuela, n. 14, a\u00f1o 2010.<br \/>\nMILLER, J.-A. \u201cEl partenaire-s\u00edntoma\u201d, Buenos Aires, Paid\u00f3s, 2008.<br \/>\nMILLER, J.-A. \u201cPara una investigaci\u00f3n sobre el goce autoer\u00f3tico\u201d, en Pharmakon Digital, vol. 1, a\u00f1o 2016, pp. 25-30.<br \/>\nLACAN, J. \u201cPrefacio a El despertar de la primavera\u201d, en Otros escritos, Buenos Aires, Paid\u00f3s, 2012, pp. 587, 590.<br \/>\nMILLER, J.-A. \u201cUna fantas\u00eda\u201d, en Revista Lacaniana n. 3.<br \/>\nLACAN, J. \u201cTelevisi\u00f3n\u201d, en Otros escritos, Buenos Aires, Paid\u00f3s, 2012, pp. 535-572.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Resumen: El texto propone tomar la psicosis ordinaria como una categor\u00eda epist\u00e9mica que concierne a la manera actual de reconocer la presencia de la ruptura f\u00e1lica en la pr\u00e1ctica toxic\u00f3mana de la droga. 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