{"id":428,"date":"2026-01-14T03:19:11","date_gmt":"2026-01-14T03:19:11","guid":{"rendered":"https:\/\/pharmakondigital.com\/abstinencias-e-delirios\/"},"modified":"2026-01-14T23:32:53","modified_gmt":"2026-01-14T23:32:53","slug":"abstinencias-y-delirios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pharmakondigital.com\/es\/abstinencias-y-delirios\/","title":{"rendered":"Abstinencias y delirios"},"content":{"rendered":"<h6><em>Benjam\u00edn Silva, Sabina Serniotti, Mat\u00edas Meichtri Quintans (Argentina)<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><sup><strong>[1]<\/strong><\/sup><\/a><\/em><\/h6>\n<p>En la ense\u00f1anza de Lacan, fen\u00f3meno elemental y delirio comparten ambos la misma estructura de lenguaje, lo que permite afirmar &#8211; siguiendo a J.-A. Miller &#8211; que el S<sub>1<\/sub> es siempre elemental, ya que no se sabe qu\u00e9 significa<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><sup>[2]<\/sup><\/a>. S\u00f3lo a partir del S<sub>2<\/sub> puede surgir la significaci\u00f3n de S<sub>1<\/sub>, lo que pone a todo sujeto en la situaci\u00f3n de tener que descifrar un significante, de lo que deducimos una coherencia entre saber y delirio. Ahora bien, si \u201ctodo saber es un delirio y el delirio es un saber\u201d<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\"><sup>[3]<\/sup><\/a>, nos preguntamos a qu\u00e9 lugar viene el t\u00f3xico en el sujeto de la palabra, y si esta opci\u00f3n le ahorra la construcci\u00f3n del S<sub>2<\/sub>, es decir, del delirio.<\/p>\n<p>Presentaremos dos vi\u00f1etas que muestran al inicio del tratamiento, c\u00f3mo acontece la abstinencia de la sustancia cuando se desarma una soluci\u00f3n y c\u00f3mo &#8211; bajo transferencia &#8211; es posible ubicar el punto en el que todo sujeto se ve enfrentado a tener que descifrar un significante.<\/p>\n<ol>\n<li>consulta a partir de una discusi\u00f3n con su esposa. Hab\u00edan bebido demasiado. Sus \u201ccagadas\u201d suelen estar atravesadas por excesos en el consumo. Con respecto a ese significante, despliega su novela familiar articulada a los or\u00edgenes \u201csucios\u201d de su madre, que carga como un estigma. En efecto, su madre naci\u00f3 de una relaci\u00f3n incestuosa de su abuelo con una sobrina. Recuerda con desagrado una escena donde ve a la abuela excedida de alcohol. Advierte que estas coordenadas participan de las tensiones permanentes con su pareja. Al trabajar sobre este hallazgo, menciona: \u201cpor eso tambi\u00e9n quiero limitar el alcohol\u201d. Dice que consumir alcohol lo deja m\u00e1s predispuesto a que aparezca \u201cel pariente pobre de la duda\u201d.<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\"><sup>[4]<\/sup><\/a> De este modo, comienza a desplegarse un sentido alrededor del acto de consumir.<\/li>\n<li>es alojado en un hogar para personas en situaci\u00f3n de calle. Manifiesta fen\u00f3menos de dolor en el cuerpo y agresiones de los otros. A partir de estos s\u00edntomas la instituci\u00f3n le impone la abstinencia de su consumo de coca\u00edna como condici\u00f3n para continuar siendo alojado. As\u00ed es derivado al centro de asistencia en adicciones. Plantea que se est\u00e1 tornando insoportable la abstinencia, ya que cuando consume coca\u00edna estos dolores \u201cno existen\u201d. Tambi\u00e9n dice sentirse v\u00edctima de la hostilidad del Otro. Comienza a tener sue\u00f1os que no tiene cuando consume, figurando, por ejemplo, un cuchillo que el otro atraviesa en su cuerpo. Interrogado por las razones de su consumo, confiesa: \u201cA m\u00ed me pas\u00f3 esto por un trabajo que una mujer hizo con unas brujas, empezaron haci\u00e9ndoselo a mi abuelo por una mujer a la que le deb\u00eda plata por sexo, pero despu\u00e9s me lo empezaron a hacer a m\u00ed. En la otra provincia donde viv\u00eda sent\u00eda las voces de las brujas y por eso me vine a C\u00f3rdoba, para que las energ\u00edas de esas brujas no lleguen hasta ac\u00e1\u201d. L. le supone al consumo de coca\u00edna la capacidad para \u201cno sentir ni escuchar a estas brujas\u201d.<\/li>\n<\/ol>\n<p><strong>De la abstinencia al delirio o retorno<\/strong><\/p>\n<ol>\n<li>comienza a desplegar en transferencia el delirio ed\u00edpico que vehiculiza una trama simb\u00f3lica \u201cen sinton\u00eda con los discursos heredados\u201d<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\"><sup>[5]<\/sup><\/a>. As\u00ed el sujeto puede poner en serie su borrachera con la de su abuela donde, gracias al desplazamiento, para \u00e9l es posible preguntarse por el \u201csucio\u201d origen y los efectos en relaci\u00f3n al <em>partenaire<\/em> que derivan en las \u201ccagadas\u201d. Su abstinencia se inserta en una trama simb\u00f3lica y forma parte de un saber hacer con el consumo.<\/li>\n<\/ol>\n<p>En L. la abstinencia se impone &#8211; as\u00ed como el consumo mismo -, y hace presente el vac\u00edo de significaci\u00f3n, movilizando en transferencia la prosecuci\u00f3n de un trabajo con el significante. La emergencia de fen\u00f3menos elementales confrontan al sujeto a un estado de perplejidad como \u00edndice de un goce indecible que opera pulsando la construcci\u00f3n de un Otro malo, en un intento precario por amortiguar la intensidad de las perturbaciones en el cuerpo. De all\u00ed, el necesario esfuerzo por construir un sentido, una elaboraci\u00f3n que venga al lugar del S<sub>2<\/sub> en un intento de atemperar la invasi\u00f3n de goce en el cuerpo y en el Otro.<\/p>\n<p><strong>Abstinencia posible &#8211; Abstinencia impuesta<\/strong><\/p>\n<p>Si el recurso al t\u00f3xico se hace prescindible en un caso, haciendo posible una abstinencia, en el otro, la abstinencia impuesta hace emerger un delirio precario, hecho de piezas sueltas, que no alcanza a tratar el goce invasivo. Podr\u00edamos pensar que la intoxicaci\u00f3n inhibe la construcci\u00f3n de sentido, ahorr\u00e1ndole al sujeto el trabajo de significaci\u00f3n o como dec\u00eda Freud, de \u201creconstrucci\u00f3n\u201d<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\"><sup>[6]<\/sup><\/a>. En este punto, conviene distinguir las modalidades de la ficci\u00f3n delirante seg\u00fan la eficacia con que cada uno logra emplazar una defensa contra lo real.<\/p>\n<p>De manera que prescindir de la articulaci\u00f3n con el S<sub>2<\/sub> impide la emergencia del efecto sujeto y con ello, las vacilaciones derivadas de su falta en ser, pero no por ello se impide el surgimiento del sujeto en lo real, es decir, de aquellos fen\u00f3menos que lo confrontan a ese \u201ccurioso efecto de interrogaci\u00f3n sobre el sentido\u201d<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\"><sup>[7]<\/sup><\/a>. De all\u00ed que la operaci\u00f3n toxic\u00f3mana permite obturar ese efecto de interrogaci\u00f3n que vincula el significante al sentido. Ser\u00e1 por ello que Freud denomin\u00f3 a este recurso como \u201cel m\u00e1s brutal pero el m\u00e1s eficaz\u201d<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\"><sup>[8]<\/sup><\/a>: con poco trabajo y sin tantos rodeos, el sujeto se inmoviliza en un fen\u00f3meno de sentido cero, amordazando la ficci\u00f3n por venir.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Aclaraciones<\/strong><\/p>\n<p>En el primer caso, \u201cel pariente pobre de la duda\u201d fue una nominaci\u00f3n ingeniosa, un <em>Witz<\/em> que R. produjo inadvertidamente en una sesi\u00f3n, al interrogar las relaciones entre exceso de alcohol, inseguridades y escenas de discusi\u00f3n con su pareja. Fue recortado en su an\u00e1lisis como un modo privilegiado de nombrar el fantasma de indignidad que lo acecha, en articulaci\u00f3n con el s\u00edntoma de la duda y las inseguridades. No es el amor, sino su reputaci\u00f3n lo que lo conduce a buscar la abstinencia y la regulaci\u00f3n. La elaboraci\u00f3n de un saber, v\u00eda la transferencia, le permite realizar maniobras y acotar el goce en juego, as\u00ed como advertir con m\u00e1s frecuencia los signos de la escena, antes de realizarla.<\/p>\n<p>En el segundo caso, L. llega escapando de ciertos fen\u00f3menos particularmente persecutorios. En su errancia llega a la ciudad de C\u00f3rdoba donde es alojado en un hogar, instituci\u00f3n de orientaci\u00f3n cat\u00f3lica. Pasados los primeros d\u00edas de alojamiento empieza a padecer algunos fen\u00f3menos de cuerpo, dolores sin causa, que ya sinti\u00f3 en momentos de abstinencia. Dicha instituci\u00f3n le impone la abstinencia y le sugiere comenzar un tratamiento en una instituci\u00f3n en la que no se impone la abstinencia como condici\u00f3n para el tratamiento, donde es recibido por un practicante del psicoan\u00e1lisis. El trabajo va decantando en situar la eficacia que la coca\u00edna tiene para\u00a0 alejarlo del goce invasivo en su cuerpo y de la certeza de la malignidad del Otro.<\/p>\n<p>A modo de confesi\u00f3n, comienza un trabajo de elaboraci\u00f3n delirante cuya significaci\u00f3n lo estabiliza. Los fen\u00f3menos de cuerpo y la certeza de malignidad del Otro, desencadenado por la abstinencia, se apaciguan. Su vida transcurre entre el t\u00f3xico, la abstinencia y la ficci\u00f3n delirante.<\/p>\n<h6><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><sup>[1]<\/sup><\/a>\u2003 Participaron: Ignacio Degano \u00c1balos, Andrea Fato, Santiago Kler, Miguel L\u00f3pez, Laura Mercadal, Federico Quint\u00edn, Lucila Ruiz Imhoff, Georgina Vorano, Luis Dar\u00edo Salamone, Dar\u00edo Galante y Guillermo Drikier.<\/h6>\n<h6><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><sup>[2]<\/sup><\/a>\u2003 Miller, J.-A. <em>El saber delirante<\/em>. Buenos Aires: Paid\u00f3s, 2021, p. 94.<\/h6>\n<h6><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\"><sup>[3]<\/sup><\/a>\u2003 <em>Ibid<\/em>.<\/h6>\n<h6><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\"><sup>[4]<\/sup><\/a>\u2003 Alusi\u00f3n a un fragmento de la canci\u00f3n <em>Corre, dijo la tortuga<\/em> de Joaqu\u00edn Sabina.<\/h6>\n<h6><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\"><sup>[5]<\/sup><\/a>\u2003 Cf. Editorial de <em>Pharmakon Digital<\/em> 5.<\/h6>\n<h6><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\"><sup>[6]<\/sup><\/a>\u2003 Freud, S. La p\u00e9rdida de realidad en la neurosis y la psicosis. Buenos Aires: Ed. Amorrortu, Vol. XIX, 1990, p. 195.<\/h6>\n<h6><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\"><sup>[7]<\/sup><\/a>\u2003 Miller, J.-A. <em>El saber delirante<\/em>, <em>op. cit.,<\/em> p. 93.<\/h6>\n<h6><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\"><sup>[8]<\/sup><\/a>\u2003 Freud, S. El malestar en la cultura. Buenos Aires: Ed. Amorrortu, Vol. XXI, 1999, p. 77.<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Benjam\u00edn Silva, Sabina Serniotti, Mat\u00edas Meichtri Quintans (Argentina)[1] En la ense\u00f1anza de Lacan, fen\u00f3meno elemental y delirio comparten ambos la misma estructura de lenguaje, lo que permite afirmar &#8211; siguiendo a J.-A. Miller &#8211; que el S1 es siempre elemental, ya que no se sabe qu\u00e9 significa[2]. 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