Serafín en su espejo

Serafín en su espejo

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Serafin in his mirror

Marcos Fina[1] (Buenos Aires, Argentina)

Resumen: El cuento de Mujica Láinez nos ilustra sobre el goce mortífero de la imagen. El sujeto cree ser el que se refleja en el espejo. Se ve completo, a condición de alienarse a la imagen reflejada en el campo del Otro. En un primer momento el goce se pensó a partir del narcisismo y quedó definido a partir del cuerpo, pero en tanto visto. El cuerpo es la fuente principal, es el objeto de satisfacción, de contemplación, de extrema complacencia donde se da a conocer, que denota precisamente que allí está el goce.
Palabras claves: sujeto, imagen, campo del Otro, goce, cuerpo
Abstract: Mujica Lainez’ tale illustrates the deadly jouissance of the image. The subject believes to be the one reflected in the mirror. He sees himself complete, provided his alienation to the image reflected in the Other. The jouissance was firstly understood from the point of view of narcissism and defined in relation to the body considered as something seen. The body is the main source, the object of satisfaction, of contemplation, of uttermost delight, which demonstrates precisely that there dwells the jouissance.
Keywords: subject, image, Other, jouissance, body

Cuando regresaba de la oficina buscaba a sus gatos y los llevaba uno a uno a su dormitorio, allí los acomodaba en el sofá y se sentaba a cierta distancia para contemplar largamente, siempre en la misma actitud, la imagen que su gran espejo le ofrecía: la de un muchacho de expresión misteriosa e innegable hermosura que lo miraba. Fijos los ojos del uno en el otro.

En el pasado se distraía con la lectura o la música pero eso quedó atrás y su único placer pasó a ser la contemplación del espejo. Nada le procuraba mayor paz y felicidad.

Si venía cansado o agobiado del trabajo sólo en la bella imagen reflejada recobraba la vitalidad perdida.

Ya casi no limpiaba las habitaciones, ya casi ni comía. Serafín no otorgaba importancia a nada que no fuese el majestuoso espejo que resplandecía triunfal. La imagen de ese muchacho hermoso parecía iluminada desde su interior. Pasaba noches enteras ensimismado en una contemplación absorbente.

Un día se sintió muy mal, por primera vez renunció a ese goce secreto y se acostó en la cama. Quién sabe cuánto tiempo hacía que no se alimentaba. Sus gatos, únicos testigos, desesperados de hambre, se subieron a la cómoda y comenzaron a arañar la imagen del muchacho hermoso pegada sobre el imponente espejo. Podría haber sido un afiche o la fotografía de un cuadro hermoso donde Serafín el deforme, el Narciso horrible y desesperado, se miraba hermoso.

El cuento de Manuel Mujica Lainez titulado “Narciso” muestra cómo por un lado el goce sin límites de la imagen puede ser mortífero y por el otro, que el sujeto, por un momento cree ser el de la imagen reflejada del espejo, imagen a la que se aliena. El hombre horrible y deforme se ve bello, completo, a condición de alienarse a la imagen reflejada en el campo del Otro.

En el escrito “El estadio del espejo y la función de la formación del yo” Lacan ubica que la satisfacción del sujeto al verse reflejado en el espejo tiene que ver con que el yo en su imagen primordial es reflejo de una imagen, de una imagen virtual. El sujeto se ve reflejado allí donde no está, en el espejo como el lugar del otro. (a – a’)

En el curso El Ser y el Uno, J.-A. Miller afirma que a Lacan lo ocupó una sola cosa del principio al final de su enseñanza: la relación del goce con la palabra. Esto traza un itinerario que va de lo imaginario a lo real. En un primer momento el goce se pensó a partir del narcisismo y quedó definido a partir del cuerpo, pero en tanto visto. Cito a Miller: “El goce queda entonces definido por el cuerpo, sin duda, pero por un cuerpo situado por su goce, el goce de sí, por el hecho de que el cuerpo se goza sin mediación, precisamente sin la mediación del otro que ve, aun cuando ese otro sea yo mismo”[2]. El mito ilustra el goce mortífero de la imagen. Algunas clases antes del mismo curso Miller señala que “la imagen del cuerpo – en tanto encuentra soporte en la representación- es la fuente principal, es el objeto de satisfacción, de contemplación, objeto de extrema complacencia donde se da a conocer, que denota precisamente que allí está el goce”[3].

Narciso, el original, atraído por la hermosura de su imagen reflejada en el lago, cae al agua y se ahoga. de Mujica Láinez ni siquiera es hermoso; tampoco hace falta. Tiene el recurso de procurarse una imagen que lo absorbe hasta morir en su contemplación.

En el caso de Serafín podemos decir que la figura del muchacho bello obtura la propia imagen reflejada, que no alcanza a devolverle la imagen que el ideal exige y se inventa un nuevo reflejo para verse hermoso.

Sin duda esta ficción nos devela el problema de la imagen como estructural en el ser hablante que con su cuerpo agujereado por el significante, sólo logra unificarlo en la imagen especular, siempre y cuando esté el Otro no sólo para decirle “Ése sos vos” sino para darle también un lugar en el campo de la mirada.

Pero algo falla en Serafín que el espejo le devuelve una figura horrible. La imagen reflejada no responde al ideal y tiene que inventarse una solución: se procura una imagen que lo mira y le devuelve la belleza perdida. Lo interesante no es que en el espejo se refleje su imagen, sino que él se refleja en la imagen dándose los atributos que su propio espejo le niega.

Es interesante pensar que tras la imagen ideal está la imagen real, que no logra la unificación de un cuerpo fragmentado.

Podríamos decir que el espejo de Serafín no vela lo real, se lo devuelve de manera brutal y que para hacer tolerable ese cuerpo que el espejo no logra unificar, tiene que recurrir a una imagen ideal en la cual mirarse.

Pero el consumo de la imagen le provoca una adicción intoxicante. No puede dejar de mirarse en ella. Si lo hace retorna ese cuerpo real que la figura del afiche pretende ocultar. Y Serafín termina consumido por la imagen que consume, sin atender a sus necesidades vitales. Sólo le queda contemplar para no ver, dejarse modelar por la imagen a condición de no abandonar su contemplación. Si lo hace, volverá la imagen horrible que le devuelve su espejo.


Bibliografía:
Miller J.A. curso “El ser y el Uno” 2011 inédito.
Mujica Lainez Manuel, Narciso, cuento.

[1] Psicoanalista. Integrante de TyA – EOL.
[2] Miller J.A. Curso “El Ser y el Uno” clase X 6/4/2011 inédito.
[3] Miller J.A. Curso “El Ser y el Uno” clase IV 9/2/2011 inédito.
Marcos Fina
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