Un bienestar indescriptible

Un bienestar indescriptible

This text is also available in: Portugués, Brasil

An indescribable welfare

Jean-Marc Josson (Bruselas, Bélgica)[1]

Resumen: El texto presenta el tratamiento de un paciente que demanda parar con el consumo de heroina, la función de la droga y la función de la institución que lo acoge, repetidas veces, a lo largo de varios años.
Palavras-chave: demanda, acogimiento, crisis, heroina, institución.
Abstract: The text presentes the treatment of a patient who demands to stop the consomption of heroin, the function of the drug and the function of the institution that takes him in throughout the years.
Keywords: demand, welcoming, crisis, heroin, institution.

El caso del Sr. S. es paradojalmente rico en enseñanzas. A pesar de los pocos elementos de los que disponemos – él no habla mucho de sí mismo –, una lectura orientada de este caso me permite despejar algunos principios que nos guían en nuestro trabajo.

El Sr. S. tiene alrededor de cuarenta años. A los veintidós años es recibido y alojado por primera vez en un centro de atención y una comunidad terapéutica para toxicómanos durante seis meses. A los veintiocho años se dirige al Centro Médico Enaden, una institución en Bruselas especializada en los problemas ligados al consumo de drogas, alcohol y medicamentos. Es alojado en dos ocasiones en el Alojamiento de Crisis de Enaden durante dos o tres semanas cada vez. A los treinta y tres años pasa una semana en el Alojamiento de Estancias Breves de Enaden luego de una hospitalización psiquiátrica. A los treinta y ocho años entra en Dianova (antiguo Patriarca en Bélgica) por un período de tres años. A los cuarenta y dos años reside cuatro veces en Enaden, con una duración que va de tres semanas a tres meses.

Durante un período de veinte años, el Sr. S. está internado más de diez veces en una institución, siete de ellas en Enaden, y cada vez por un lapso de tiempo bastante corto.

La demanda

Cada vez que demanda ser admitido en el Centro de Crisis – donde trabajo desde hace treinta años y donde cumplo la función de Responsible –, el Sr. S. dice querer detener su consumo de heroína, detener o disminuir su tratamiento de sustitución de metadona y hacer una rehabilitación. Recientemente, en el mismo marco de la Admisión, declara que consumir heroína le procura “un bienestar indescriptible, una felicidad instantánea”; “casi haría falta que usted lo pruebe para comprender”, eso le decía al colega que lo recibía.

Es un primer principio. Nuestro trabajo no puede estar únicamente fundado sobre la demanda que frecuen- temente, por no decir siempre, es una demanda de detener el consumo de drogas, de alcohol o de medicamentos, o una demanda de detener el tratamiento de substitución con metadona. En vistas de la duración de los consumos (frecuentemente más de diez años) y de los testimonios de la satisfacción que esos consumos procuran, esta demanda no puede más que asombrarnos e invitarnos a preguntarnos: ¿por qué ahora? ¿Por qué el sujeto da este paso ahora?

La causa

El Sr. S. pide por primera vez ser admitido en el Centro de Crisis hace veintiocho años. Su compañera, con la que se reencuentra ocho años más tarde, con la que no vive pero con quien consume heroína, está embarazada. En esa época él estaba encarcelado por estafa, robo de auto y consumo de estupefacientes. Al salir de prisión pierde su alojamiento y se encuentra en la calle. Contrariamente a lo que dice querer (desde su segunda admisión) no encontrará nunca a su hijo y no se ocupará mucho de eso.

Segundo principio. Nuestro trabajo está fundado sobre lo real al que el sujeto está confrontado y que está verdaderamente en el origen de su carrera. Un buen número de situaciones en las que se encuentran los pacientes pueden ser reconducidos a dos grandes tipos de figuras: sea que el sujeto ha perdido o corre el riesgo de perder uno de sus puntos de apoyo (un miembro de su familia, su cónyuge, su vivienda, su trabajo…) sea que el sujeto esté frente a un acontecimiento que lo sobrepasa (en este caso el embarazo de su compañera y su paternidad)

El problema

Las dificultades del Sr. S. no comienzan por su confrontación con la paternidad. Algunos elementos de su constelación familiar y de su historia permiten afirmarlo.

Nació en África del Norte. Describe a su madre como muy autoritaria, y su padre como inteligente y maníaco-depresivo: pierde regularmente su trabajo y es a menudo hospitalizado y consume alcohol.

A los dos años una grave anorexia del paciente vuelve necesaria su repatriación a Bélgica. Es tomado a cargo por sus abuelos durante un año. Sus padres se separan; su madre vuelve a Bélgica y lo recupera. A los dieciocho años, un año antes del fin de su formación, sale de la escuela. Deja el domicilio familiar: su madre es muy autoritaria, ella quiere ocupar lo que piensa es el rol del padre. Toma un departamento y trabaja intensamente.

Comienza a consumir cannabis, alcohol y Sassi, luego heroína y cocaína. Cuando tiene veintinueve años su compañera deja de consumir y se separan. Durante 15 años él alquila un departamento a su madre en la casas donde ella habita. Si bien trabaja aquí y allá, sus recursos regulares provienen del Centro Publico de Ayuda Social.

Lo que caracteriza la posición del Sr. S. es la ausencia radical, la forclusión de la dimensión misma del deseo, ausencia perceptible en sus (no) relaciones con su compañera, con la paternidad, con el mundo del trabajo. Esta ausencia es una de las consecuencias de su estatuto de objeto del fantasma del Otro, de la no separación entre él y su madre; ningún deseo por la madre, y aceptado por ella, opera aquí una separación entre la madre y su niño.

Eso es lo que trata la droga: pone vida en su existencia; ¡la droga lo impulsa, al punto que nunca deja de consumir! La droga tiene entonces aquí por función no de romper – como es a veces el caso – sino de ligar, de anudar al sujeto a la vida.

Tercer principio. Más allá de las causas contingentes, nuestro trabajo está fundado sobre la posición del sujeto, que apunta a cernir la construcción del caso; está fundado sobre las consecuencias de esta posición al nivel de las relaciones del sujeto con los otros, con el mundo, con su cuerpo y con la vida; en fin, nuestro trabajo está fundado sobre los medios, o los pocos medios del sujeto para responder a estas consecuencias.

Cuarto principio. Nosotros estamos siempre muy atentos al uso que hace cada sujeto de la institución. La pérdida del punto de apoyo o la confrontación a un acontecimiento traumático arrastra regularmente un aumento del consumo. Esto cambia ahora de estatuto: la dimensión de estrago se sobrepone a la dimensión de solución. La contaminación de la solución del sujeto por la pulsión de muerte y el riesgo de ruptura al nivel del lazo social o de la vida misma son precisamente lo que empuja al sujeto a demandar que eso se detenga.

Pero hay más. En el caso del Sr. S. su demanda de detener el consumo o de reconocer a su hijo no son su único proyecto. Esta demanda atenúa el golpe en la causa del deseo. Esa es la tesis central de mi intervención, que apunta a responder a la pregunta: ¿qué lectura hacemos de su recorrido, por qué hemos aceptado siete veces admitirlo? Su recorrido lo pone en movimiento, lo empuja, lo liga a los otros y a la vida. Es eso lo que en el fondo justifica su acogida, su admisión (bien definida por Alfredo Zenoni como “una palabra sin demanda”).

Enaden desde hace quince años – aún si algunas puestas a punto han sido necesarias en vistas de sus consumos durante estas estadías. Lo que sin duda justificará su acogida en el futuro, el tiempo necesario. No hacerlo equivaldría a dejarlo librado a lo que él llama “los deseos suicidas”, ¡… o peor!


Traducción del francés: Maximiliano Zenarola y Mauricio Tarrab

[1] Miembro de la École de la Cause Freudienne y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.
Jean Marc Josson
Previous Post